La condenada bandera

Quienes me cestelada catalanaonocen saben perfectamente cuál es mi identidad política, si es que se puede decir que tengo alguna ya que visto lo visto nadie la merece. Saben, por tanto, que en esta guerra de nacionalismos de fuerza y pose ni defiendo ni critico más que lo justo y necesario y que como el 90% de la población intento vivir mi día a día alejada de tanta tontería.

Pero hoy estoy cansada. Harta de unos y de otros, del eterno tira y afloja, del te prohíbo y me rebelo. Llevamos años sumergidos en esta lucha de poderes no sé si emocionales o ideológicos, aunque a veces es todo lo mismo, sin llegar a ninguna parte. Llevamos meses subiendo el tono, esgrimiendo tópicos y rompiendo esquemas del Parlament al Parlamento, y viceversa. Por este lado de mi terra catalana tuvimos un cambio de President allá por enero mientras al otro lado “de la frontera” seguimos con un gobierno en funciones desde diciembre a la espera de una nueva cita electoral en junio. No sé si esta coyuntura ha propiciado cierto relajamiento en el tema independentista, que a mi juicio en las últimas semanas se mostraba bastante reposado. Hasta ahora, volvemos a arder.

El domingo se disputa la final de la Copa del Rey que enfrentará al FC Barcelona y al Sevilla en el Vicente Calderón. Si ya de por sí el fútbol es ardor, ¿por qué no calentarlo más? Eso debió de pensar la delegada del Gobierno de Madrid, Concepción Dancausa, que ha decidido prohibir la entrada de banderas independentistas al estadio acogiéndose al artículo 2.1 de la Ley del Deporte, que prohíbe “la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”.

Pues bien, señora Dancausa, si lo que usted pretendía era evitar lo inevitable (no hay más que tirar de hemeroteca para ver el ambiente en este tipo de juegos) sepa que lo que ha conseguido es incendiar de nuevo un tema de naturaleza de por sí más que candente.

Qué equivocados están, señores del Partido Popular y demás cofrades, prohibiendo el uso de la libertad de expresión según su conveniencia, que es casi siempre. No soy independentista ni me gusta escuchar tan sonoras pitadas a un himno que considero propio como tampoco a ningún otro, pues ante todo para mí prevalece el respeto. Sin embargo no estoy de acuerdo con esta nueva medida que se han sacado de la manga de cara al próximo partido. No considero que la bandera estelada invoque a la violencia ni fomente el terrorismo cuando he visto más de un domingo simbología nazi, racista y xenófoba en más de un estadio. Ésa es la verdadera amenaza que recoge la legislación deportiva y créame, señora Dancausa, ése sí es un tema de violenta peligrosidad.

Si usted procura evitar que un sector de la afición del Barça aproveche la coyuntura del fútbol para hacer uso político le diré aquello que cantaba la gran Rocío Jurado: ahora es tarde, señora. Ahora es tarde porque desde que tengo memoria el Barça es més que un club, como lo es el Real Madrid y como lo es cualquier organización que tenga algo que ver con el poder. Pretender que en el palco del Bernabéu no se firmen grandes negocios u olvidar que la semilla de la hoy extinta CiU se gestó durante el tardofranquismo aprovechando una efeméride blaugrana es cuanto menos un despropósito falaz y majadero. Y personalmente no me gusta este matrimonio de conveniencia, el deporte es y debería ser simplemente deporte, pero no soy tan cándida como para no saber qué intereses se cuecen entre bambalinas, donde el aficionado de a pie no tiene lugar.

Conozco a muchos culés que lloran de emoción con su Barça y nada tienen que ver con el independentismo. Igual que conozco a muchos otros que sienten una victoria blaugrana como un triunfo sobre esa España represora y dictatorial que todavía hoy algunos no quieren dejar atrás. Algunos como usted, señora Dancausa.

Así que les ruego a todos los que tienen estas geniales ideas basadas en la mordaza y el silencio que se lo piensen un poco más antes de ponerse bravos impidiendo que una afición entera acceda a un estadio pacíficamente con la bandera que le dé la real gana. Si a ustedes no les gusta esa bandera en concreto entiendan que es nada más (y nada menos) que un símbolo al viento de lo que una parte del pueblo catalán intenta desde hace tiempo reclamar. Pero no la condenen con tan dura y ridícula opresión, retorciendo leyes y agitando las llamas de la política antes de las elecciones porque lo único que consiguen es alzarla mediáticamente todavía más, sumando adeptos a la causa independentista que precisamente tanto miedo les da.

Ustedes no se enteran de nada, y se lo digo yo con la potestad que me da tener el corazón catalán latiéndome en español. Probablemente pasaré un mal rato el domingo mientras silben el himno y no me gustará asistir de nuevo a la eterna politización de lo que es nada más fútbol, pero espero que el juez del Contencioso – Administrativo que ya está llevando esta causa resuelva hoy con sensatez y revoque tanta necedad. No estar de acuerdo ni compartir ciertas ideologías en una democracia no debería darnos tanta manga ancha para vetar. Al menos a mí me gusta más apelar a la libertad de expresión, no sé, llámenlo defecto profesional.

 

 

 

Autor: Cristina CG

(De)formación periodista, me cubro y descubro según las circunstancias. Acumulo vivencias y archivo recuerdos. Tropiezo, caigo, escribo y me levanto. CRISTINA CG.

3 comentarios en “La condenada bandera”

  1. Apreciada Cristina,ni por un instante pienses que padeces de defecto profesional alguno.A ti lo que te ha pasado con esta decisión de la Sr.Concepción Dancusa, es que ha aflorado de tu fuero interno la sensibilidad de una verdadera demócrata que conoce muy bien cuales son los verdaderos pilares de una verdadera Democracia, entre uno de ellos, la libertad de expresión.Pero Cristina no pasemos pena los demócratas, ya que como tu dices en tu articulo,la sensatez demócrata del juez del Contencioso Administrativo ha dictado sentencia favorable al pilar de la libertad de expresión.Hoy algunos políticos del P.P.deberían darse cuenta que la verdadera Democracia no es del estilo”Spainis is diffent”.Te felicito por este articulo,merecería ser publicado tanto en periódicos en idioma español como en catalán.

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