Las cosas bonitas

El temblor previo a un beso.

Un suave roce sin querer, queriendo.

Los buenos días somnolientos.

La ropa desmadejada en el suelo.

Una sonrisa espejada en la mirada.

Las lágrimas nacidas en una risotada.

Los libros que se atesoran en el alma.

Las frases que alguien más acaba.

Los dedos entrelazados al andar.

Las noches acurrucados en un sofá.

Las huellas del camino que va quedando atrás.

Las tardes de domingo frente al mar.

El lugar preciso, el momento adecuado.

El cálido invierno, la lluvia en verano.

El olor a café recién hecho,

a dulces, a guisos, a pan tostado.

Los abrazos que aprietan

y las palabras que abrazan.

Las heridas que se curan

y los sueños que se alcanzan.

El eco de los latidos en cada reencuentro.

Los acordes de una guitarra que suena a lo lejos.

La conciencia tranquila, la duda en silencio.

Mis miedos en tu regazo, tu hogar en mi pecho.

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Vámonos

Vamos a escondernos tras la ladera

de aquella montaña de hielo

donde tu calor y mi fe ciega

son de este querer escuderos.

Vámonos a robarle caricias al viento

que las voces del eco nos quiebran

intentando con furia condenarnos

por esta locura de mieles y hiedra.

Vámonos al refugio de nuestras pasiones,

a la oscuridad de aquella noche eterna

cuando pudimos amarnos por horas,

mientras la lluvia ahogaba las penas.

Vamos de nuevo a ese jardín prohibido

donde tú eres solo mío, nunca más de ella,

y donde yo soy para siempre tuya,

envuelta en rosas, perfumes y sedas.

Vámonos a donde no puedan seguirnos los miedos,

las injurias, las mentiras, los celos,

que la culpa siempre se viste de gala

y se adueña de los amores más necios.

Vámonos a la orilla del mar

para que la brisa despeine tu pelo

mientras mis labios buscan tu sal

y las olas nos mecen bajo su seno.

Vámonos a cabalgar de luna en luna

que quiero morir cada noche a tu lado

consumiéndome las ganas y la ternura

en el húmedo placer que sabe a pecado.

Vámonos lejos de aquí, de todo,

que ya no puedo soportar más la carga

de sentirte a escondidas del mundo,

de ocultarte incluso de mi alma.

Vámonos, ¿a qué le temes?

¿No es acaso esta forma de vida,

una triste condena de muerte?

Vámonos, no me atormentes…

Que los años no regalan clemencia

y nuestra juventud de alas doradas

pronto será un recuerdo maltrecho

tejido entre las sienes de plata.

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Qué maldito este amor

Qué juego peligroso es el que tienta rabia y dulzura en décimas de segundo.

Qué macabro espectáculo el que ven mis ojos al otro lado de la mesa actuando casi como extraños.

Qué triste canción suena de fondo mientras tú y yo ni siquiera somos.

Qué falsa inocencia la nuestra, que pretende justificar lo que nunca nos será perdonado.

Qué mentira tan dichosa esa de sentirnos amados siendo el nuestro un querer a pedazos.

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¿Qué ingrata incertidumbre nos depara esta noche?

Qué alivio no verte, qué placer provocarte, qué tortura perderte.

Qué vanidosa emoción esa que te hace volver siempre a mi cuerpo.

Qué ego más altivo pensar que todo lo quieres, que siempre te tengo.

Qué pena darme cuenta de que todo esto, así, ni es para mí ni me conviene.

Qué derroche de tiempo, de juventud, de vida.

Qué extraña valentía creernos capaces de lidiar con semejante locura rozando los límites de la hipocresía.

Qué maldito este amor, si es que podemos ponerle tal nombre, que tras de ti me desgarra las entrañas y desnuda, frágil, lo poco que queda de mi alma.

¿De qué otra forma podría quererte?

Te quiero con urgencia, como si el tiempo nos acechara siempre tras las cortinas y el cronómetro marcara el ritmo de nuestras pulsaciones.

Te quiero con impotencia, como si no pudiera controlar el escalofrío que me recorre al verte, el hoyuelo pícaro que me delata, el calor que sacude mis mejillas de repente.

Te quiero con desesperación, como si una parte de mí se vaciara cada vez que llegas y te vas, que no respondes o que desapareces.

Te quiero con ansia, como si estuvieras prohibido y junto a ti se rompieran todas las reglas y leyes.

Te quiero con nostalgia, como si en mi fuero interno batallara con el adiós constantemente.

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Te quiero con egoísmo, como si otros besos pudieran prenderte, como si mi boca y mis manos nunca fueran suficiente.

Te quiero con temor, como si me desnudaras en un abismo de emociones cayendo al vacío sin redes.

Te quiero con impaciencia, como si la vida nos apremiara sabiendo que cuando jugamos con fuego tú nunca te detienes.

Te quiero con cautela, como si me perdiera en la duda y el miedo cada vez que pido un paso más y tú, sigiloso, retrocedes.

Y después de todo, te quiero con locura, si no ¿de qué otra forma podría quererte?

 

 

Entre tú y yo

Entre el embrujo y el miedo,

la prisa y el ansia,

nace un amor prohibido y ajeno,

fiero temblor que sacude la calma.

 

Entre la paz y el arrullo

del abrazo y la nana,

gravitan con celo y deseo

mil caricias por la espalda.

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Entre las luces y sombras

del olvido y la rabia,

en una trinchera de besos

dos cuerpos se mecen al alba.

 

Entre el pecado y el sueño,

el ardor y la magia,

mi sed y tu anhelo

cabalgan cinturas perladas.

 

Entre el azar y el destino

del adiós y la falta,

arrasa con fuerza el camino

esta pasión desbocada.

 

Entre el quiero y no puedo,

el temor y las ganas,

pierdo la fe si te espero,

estrella fugaz que se apaga.

 

Entre el amor y la guerra,

la risa y la lágrima,

la fuerza del ego,

tu cielo y mi alma.

 

Vamos, ven

Dame tu mano y vamos a bailarle a la vida todo lo que ella nos prohíba. Vamos a buscarnos por los rincones como gatos en celo, vamos a mantenernos leales como perros. Vamos a ser un par de tontos, cursis y locos. Vamos a despojarnos de la ropa y vamos a curarnos todas esas heridas que a nadie antes le dejamos ver. Ven conmigo, que ya casi va a amanecer.

Mírame a los ojos y cuéntame tu vida, a retales y a tu ritmo. Que no quede un secreto por conocer pero que tengamos siempre miles de palabras por descubrir. Vamos a perdernos por el mundo, sin rumbo. Huyamos como vagabundos sintiéndonos reyes del universo. Seamos cómplices en la risa, amparo en las lágrimas, fuerza en cada caída. Vamos a ser esas dos almas libres que sin necesidad de nada se lo regalan todo. Ven, vente conmigo antes de que se esconda este último rayo del atardecer.

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Bésame ahora, que el tiempo apremia, que la duda avanza, que el deseo quema. Vamos a contarnos los lunares y los sueños, vamos a despojarnos de esos estúpidos miedos. Camina a mi lado, plantemos juntos una semilla de amor y futuro, de fe. Vamos a aprender el uno del otro, a respetarnos, a elegirnos a diario. Vamos a confesarnos los pecados, a cometer tantos otros y a dejarnos vencer.

Ven conmigo, si te atreves, antes de que me pierda en el caos del anochecer.

Vamos, ven.