Ego sum qui sum.

Absurda, tonta, ingenua, soñadora.
Estúpida, inocente, orgullosa, débil.
Creyente, desesperada, ahogada y utilizada.
Loca, fantasiosa, cegada, irresponsable.
Deseosa, imaginativa, insegura, deprimida.
Sola, ausente, ansiosa, celosa.
Angustiada, aprisionada, impaciente, aburrida.
Nerviosa, alterada, encerrada, perdida.
Apática, insolente, rebelde, triste.
Callada, abatida, tocada y hundida.
Plañidera, doliente, caprichosa, desvelada.
Incapaz, derrotada, asustada, temible.

Violenta, arrasada, sentida y olvidada.
Alejada, añorante, esperanzada, vigilante.
Confusa, certera, sigilosa, sincera.
Muda, dócil, vanidosa, inconsciente.
Rabiosa, suave, regia, flexible.
Ardiente, helada, libre y atrapada.
Tímida, olvidada, manejable, poderosa.
Arrogante, cabizbaja, altiva, introvertida.
Irritable, mansa, indomable e insurgente.
Lunática, vulnerable, alocada, errada.
Narcisista, contradictoria, afable, volcánica.
Luchadora, redentora, cándida, calculadora.

Perfectamente imperfecta
Elegantemente astuta.
Temerosamente atrevida.

Encadenada al recuerdo.
Viva de milagro. Muerta de miedo.

Cobarde, sí…

Y tan valiente.

“¿Por qué lo que escribimos para nosotros siempre es mejor que lo que escribimos para los demás?”

Cuánta razón se desprende de esta cita extraída de la película Descubriendo a Forrester. Película que un buen amigo me recomendó y que no hace mucho decidí ver y desde entonces no dejo de darle vueltas a la idea, ya tiempo atrás concebida, de abrir un blog. Hoy, finalmente, me pongo en marcha con este Cafetera y manta alocado, cotidiano, inspirador, no sé si informativo, reflexivo o emotivo. Apenas comienzo con unas pocas puntadas algo confusas. No estoy acostumbrada a publicar lo que escribo, ni tan siquiera estoy muy acostumbrada al placer de escribir como algo recurrente y constante. Soy mujer de impulsos, y así alterno periodos de frenesí creativo con otros de vaga inspiración. Sin embargo, prefiero que “cuando llegue la inspiración, me encuentre trabajando”, como diría el genial Picasso. Mucho o poco, pero siempre en movimiento. Y así, tal y como Forrester le aconseja a su pupilo, comienzo esta aventura siguiendo su mejor consejo: “teclea y no pares, ¡golpea las teclas! Ahora mandas tú”.

¡Bienvenidos a mi blog!