No estás loca

¿Qué se siente cuando ni siquiera sabes lo que sientes? Cuando solo los síntomas físicos de tu cuerpo son los que te mandan señales, pero ¿señales de qué? De alerta, de tensión, de tristeza. Se te agarra un nudo en el estómago que te impide probar bocado, se te revuelven las tripas como si fueras a examinarte a vida o muerte, o estuvieras constantemente esperando una mala noticia. Intranquilidad, quizá se puede definir así. Desasosiego también. Pero ¿por qué? ¿Cómo lo controlas, lo superas?

De repente te ves apretando la mandíbula sin querer, como conteniendo algo que no toleras, que no aceptas, o que no quieres dejar ir. Y te dices a ti misma que eso es justo lo que debes hacer, aunque lo cierto es que no sabes ni qué decir entre todo ese denso vacío que te envuelve. Sí, que ahora cualquier cosa te hace llorar, que tus niveles de sensibilidad se han vuelto exagerados, que no te reconoces entre tanto caos porque tú no eras así, nunca te habías visto tan frágil y debilitada. Claro que antes lloraste hasta quedarte dormida, cuando te rompieron el corazón o decidiste romperlo tú. Claro que te has sentido perdida otras veces, indecisa, temerosa ante lo incierto. Sin embargo, ahora todo eso te supera, lo que antes estaba bajo control ahora se ha convertido en una bola gigante que te aplasta y que ya no puedes manejar, porque llevas demasiado tiempo pudiendo, demasiado tiempo aguantando, demasiado tiempo intentándolo.

Y así un día, sin más, tu cuerpo ya no solo te da toques de atención que ignoras, ahora decide colapsar, hacerte caer en picado, enfermarte sin motivo aparente para el resto de los mortales. Cómo explicar que tras las sonrisas sinceras se esconde también un abismo profundo que estalla en soledad. Cómo justificar que, aunque el día pase bien y de verdad así sea porque objetivamente no hay nada que lo tuerza, tú llegas a tu cama por la noche como si hubieras librado una batalla. Quizá lo has hecho, contra ti misma, contra todos tus demonios, y piensas mañana será otro día. Puede que al día siguiente tengas más energía para hacer cosas, y charles más, y quieras tomar un café con alguien o arreglarte para salir a pasear, y entonces los demás piensen ya está, ya se le pasó el bajón, mírala qué guapa va, tan sonriente, cómo coquetea, qué ganas tiene de disfrutar. Pero tú sabes que el bajón no se pasa así, porque no se trata solo de un mal día. No se trata de nada en realidad, o ya se trata de demasiado.

Hubo un detonante, o quizá ni eso siquiera, o no eres consciente, o sí. Depende de cada cual. A veces es nada más y nada menos que un cúmulo de circunstancias, de expectativas, de ilusiones, de metas, de sueños… Que te rozan los dedos y que siempre terminan por escapar, dejándote con esa sensación amarga y tan cruel que te recuerda que por mucho que te esfuerces nada se queda contigo, como si tú no merecieras la pena. De forma sibilina se instala en ti el fracaso, la duda, la pérdida, el dolor, la desolación… Y ya no sabes cómo lidiar con todo eso que te baila en la mente y te retuerce hasta la asfixia el corazón.

Entonces tienes que pararte y pedir ayuda. Y no, no estás loca por hacerlo.

Recuerda que la salud mental es salud, no debería ser un estigma social y mucho menos un privilegio. #Díamundialdelasaludmental #cuídate