¡Gracias 2016!

Como es tradición por estas fechas una se pone a hacer recuento del año que se nos va y como es mi costumbre también no puedo más que darle las gracias a este 2016 que, como todos, me deja grandes enseñanzas. Así que ahí voy:

GRACIAS por los incondicionales que siguen estando a mi lado compartiendo momentos de todos los colores, sumando afectos desde tiempos inmemoriales. GRACIAS también por los que han dejado de estarlo, porque me demostraron que ya no era necesario tenerlos más. GRACIAS por aquellos que con su lejanía emocional y descarada hipocresía me recuerdan cuál es el sentido de la auténtica amistad, y GRACIAS por los que a pesar de estar físicamente lejos siguen siendo mis imprescindibles un año más.

GRACIAS por las lágrimas que me han hecho un poco más fuerte, por los llantos de risa que le dan sentido a la vida, por los sollozos callados cuando alguien se nos va.

GRACIAS por las pasiones que me divierten el ego y por los reencuentros que me llenan el alma. GRACIAS por los viajes que me permiten las circunstancias, por los lugares que descubro de improviso, por la mejor compañía que puedo tener a mi lado y por todas las nuevas personas que se van inmiscuyendo en mi camino.

GRACIAS por las amigas que tienen tiempo 24/7 para reír o apagar fuegos, qué más da. Amigas con las que puedes discutir y sin rencores te vuelves a reconciliar, esas amigas que sin mariconadas ni corazones virtuales, y sin fotos demostrativas de por medio, siempre te quieren un poco más.

GRACIAS a todos los que tuvieron un ratito para leerme este año, por las palabras de apoyo, por el ánimo y por la crítica constructiva. GRACIAS por los mensajes inesperados, por esos “me gusta mucho como escribes” privados y por todos los que me inspiran en el día a día para no dejar esta aventura de lado.

GRACIAS por todas esas personas que con su amor me siguen ayudando a ser quien soy, y GRACIAS por los que con su ejemplo tóxico me enseñan a no convertirme en ellos.

Escuché por ahí que la felicidad se mide en sillas así que GRACIAS infinitas por la familia que no me falta en la mesa esta Navidad, y GRACIAS a la vida por haberme permitido disfrutar de quien ya no está, porque a pesar de la ausencia sé que en nuestro recuerdo aquellos a los que amamos siempre, siempre, permanecerán.

GRACIAS 2016 por haberme dado sorpresas, abrazos, risas, silencios, gritos, penas, valores, deseo, dolor, miedo, coraje, flaquezas, ilusiones y tantas emociones vitales. Sabemos cómo empieza el año, pero la magia de todo esto es que no sabemos qué nos deparará en su camino. Así que, como siempre, lo que le pido a este 2017 a punto de comenzar es que los sueños sigan siendo fuertes, las ganas invencibles y el tiempo generoso. O por lo menos, que lo sepamos valorar.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!iva-2017

 

 

Otro año más… ¡Gracias!

Los balances anuales, los propósitos de año nuevo, las ganas de terminar o de empezar, los malos augurios, los buenos deseos, la suerte y sus rituales. Se acerca el final de otro año y a todos nos da por pensar en lo que ha sido éste y lo que esperamos del que está por comenzar. Qué mejorar, qué recuerdos guardar o desterrar, qué hábitos adoptar o ya no continuar. Pero como a mí eso de las listas de asuntos pendientes y deseos por cumplir se me dan bastante mal, cuando llegan estas fechas me limito nada más a balancear mi año vivido porque sé que lo que tenga que venir… Vendrá.

0921newyear2016

En líneas generales 2015 ha sido un buen año. Allá por febrero encontré por fin el momento para empezar este blog y ponerme a escribir de forma pública lo que llevaba toda la vida haciendo de forma íntima pero asidua. Como siempre digo, y como dijo Hemingway, escribir es algo así como mi terapia personal. Cuando me estallan las ideas, cuando las emociones no me dejan dormir o cuando se me atragantan los sentimientos, si no escribo, vomito. Bien mirado, puede que muchas veces estas líneas también sean algún tipo de vómito verbal… Necesario en cualquier caso. Así que con el empujón de quienes más me quieren decidí convertir en hábito semanal una de las cosas que más me apasiona hacer: escribir.

Pero de otras pasiones también se vive y este 2015 me permitió disfrutar de ellas. De la familia que tuve cerca, de las fiestas infantiles, de los finales de curso, de los cumpleaños. De las tardes a la salida del colegio, de las meriendas improvisadas, de las salas de cine para menores de siete años, del griterío y las palomitas derramadas. De las nuevas recetas de cocina y de los desayunos de campeones. De los hotcakes con Nutella, con cajeta mexicana o con infinidad de inventos y nuevos sabores.

Conseguí la tranquilidad que un empleo te proporciona tras demasiado tiempo fuera de juego y la satisfacción de poder aportar mi granito de arena en el impulso de varios proyectos. Y sobre todo, la capacidad de sentir que vuelvo a tener el futuro en mis manos y que las decisiones que tome en adelante correrán por mi cuenta y riesgo personal. Nada como la independencia económica para poder bailarle a la vida.

2015 me brindó muchas risas y noches eternas, cervezas en las esquinas y mañanas al sol. Descubrí otras músicas, otros libros, otros bares y otras ciudades. Conocí a otras personas y disfruté de maravillosos reencuentros. Tuve ilusión, amor, pasión, ternura… Y sentí lo que pensé que ya no sentiría.

Este 2015 también me dio miserias, malos ratos y lágrimas. Me dio flaquezas, ganas de tirar la toalla. Me dio temblores y vacíos. Me dio pesar ante la enfermedad y las despedidas. Y aunque hubo fuerza y optimismo, tesón y garra, este año también me mordió con cierto miedo las entrañas. Miedo a las caídas abismales, al hueco que desgarra el alma, a decir adiós, a pensar que esto se acaba. Mucho miedo a las miradas veladas, a los silencios que cortan y al sabor de esos abrazos que encierran la esperanza de volvernos a ver aun sabiendo lo que pasa… Cuando es la vida la que pasa.

Pero qué aburridos serían entonces los años si no nos dieran una de cal y otra de arena. Qué triste aprendizaje y qué poco valor le daríamos a las cosas, aunque suene al típico tópico. Dicen por ahí que somos el resultado de la suma de todos los momentos que vivimos. De las personas que se cruzan en nuestro camino un rato o para siempre. De los lugares que conocemos, de los que algún día visitaremos. De las lecturas y de los paseos. De los amigos de siempre y de los nuevos conocidos. De la familia en la que nacemos, de la que después escogemos. Somos el resultado de miles de horas al teléfono, en el coche o en silencio. De los errores y los aciertos, de las piedras en el camino, de los descontentos. De los llantos de risa y de las lágrimas ocultas. De los niños que un día fuimos y de los adultos que todavía soñamos ser. Pero sobre todo somos todo aquello que nos hacen sentir esos a quienes amamos, estén donde estén.

Gracias a todos ellos por haberme regalado el privilegio de formar parte de su camino para ser hoy quien soy y espero que sigamos sumando momentos juntos porque esta fiesta tiene que continuar. Y a mis personas favoritas, las que tengo cerca y las que tengo tan lejos, gracias siempre por ser y estar.

Porque así es la  vida y este es otro año más.

¡¡FELIZ 2016!!