Dime cómo.

Dime cómo burlar al destino, si él nos ha presentado.

Dime cómo ignorar tus ruegos, si yo misma ruego por ellos.

Dime cómo evitar encontrarte, si te busco en cada paso.

Dime cómo no intentar cambiar tu realidad, si en la mía ya solo cabes tú.

Dime cómo olvidar tus palabras, si con ellas construyo mis sueños.

Dime cómo no desenredarme del nudo de tu corbata, si lo que ansío es atarme a tu piel.

Dime cómo no encenderme contigo, si me queman tus simples roces.

Dime cómo esquivar el brillo de tu mirada, si mis emociones nacen en tus ojos.

Dime cómo no esperar lo inesperado, si a tu lado mi mundo es una aventura.

Dime cómo negociar con tu boca, si con ella me desnudas hasta el alma.

Dime cómo pactar una tregua con tus dedos, si los deseo dibujando sobre mi espalda.

Dime cómo desengancharme de ti, si mi droga es tu forma de ser.

Dime cómo alejarme de tus pisadas, si son ellas las que guían mi camino.

Dime cómo no pecar sobre tus labios, si su sabor endulza mis días más amargos.

Dime cómo atreverme a no necesitarte, si respiro tu propio aliento.

Dime cómo serenarme en tu ausencia, si no puedo avanzar cuando me faltas.

Dime, amor, ¿cómo sobrevivo si no estás, cómo lo voy a soportar?

Dímelo.

Dime cómo y si debo hacerlo.

Dime, amor, dímelo.

¿Cómo te dejo de amar?

Besos, dichosos besos.

“Y en un beso sabrás todo lo que he callado”. Pablo Neruda.

Me acabo BtveoVuIIAA-u8Ude enterar de que hoy es el Día Internacional del Beso, y al margen de preguntarme si cada día es el día internacional de algo (y de qué), me he puesto a pensar en eso, en los besos.

Dice la RAE que el beso es la acción y efecto de besar, que a su vez es “tocar u oprimir con un movimiento de labios a impulso del amor o del deseo, o en señal de amistad o reverencia”. Pero también dice que un beso es “un golpe violento que mutuamente se dan dos personas en la cara o en la cabeza”. No sabía de la existencia de este uso pero si lo dice la RAE, va a misa.

De cualquier manera un beso es un acto de comunicación, quizá el acto más difícil de explicar o de entender, a pesar de su sencillez. Hay besos que transmiten amistad, fraternidad, respeto. Y besos que buscan mucho más, aunque a veces no sepamos qué. ¿Saciar un deseo puntual? ¿Llenarnos de verdad?

Todos recordamos nuestro primer beso generalmente como algo anecdótico y divertido de una adolescencia temprana e ingenua. Algo que en su momento nos pareció asqueroso pero nos generó la suficiente curiosidad por querer saber más. Aquellos primeros besos raros ya difusos en el tiempo y perdidos en la memoria que dieron paso a muchos más.

Besos cortos y rápidos, profundos, sensuales, húmedos, calientes e intensos, divertidos. Besos que perduran en el tiempo, besos perfectos, besos robados, besos a tientas, besos descarriados. Besos que no saben a nada, y besos que lo dicen todo.

Pero hay algo extraño con eso de los primeros besos y de la primera vez. Es un concepto sobrevalorado. Todos sabemos que el primero no es, ni de lejos, el mejor beso, ni la mejor vez y sin embargo se sigue manteniendo ese velo de fantasía aderezada de romanticismo que no, no existe. Y lo sabemos.

Es mejor la segunda primera vez. Y la tercera primera vez. Y la cuarta. Y así, hasta perder la cuenta de todas las primeras veces, de todos los primeros besos que la rutina todavía no mató. Porque siempre debería existir el misterio del primero, siempre tendríamos que ser capaces de descubrir ese nuevo matiz, ese deseo virgen por explorar y ese nuevo sentimiento desconcertante que busca cómo encajar.

Un beso a veces es sólo la compuerta que da paso a una pasión terrenal y encendida. Otras veces es la única vía que tenemos para demostrar nuestro inmenso afecto por alguien cuando las palabras y los gestos ya no son suficientes. Y a veces es la consumación del vínculo mental que nos engancha en todos los ámbitos de una vida en común basada en el respeto y el amor.

Cuando alguien conjugue esos tres besos para ti no lo dejes escapar.

Mientras tanto, los besos serán nada más y nada menos que eso, besos dichosos besos.

Puto “pero”.

Me puse a pensar acerca del valor de las palabras y me di cuenta de que las palabras por sí mismas no dicen nada. Lo dicen las ideas, las emociones, las intenciones. Las palabras no dicen lo que tú no quieras decir, y viceversa. Las palabras pueden estar llenas o vacías de contenido según las circunstancias. Y las hay de muchos tipos. De fonética bonita, por ejemplo. O divertidas, complicadasy enternecedoras. Las hay curiosas. Y las hay también muy putas. Y en esa categoría que incluye los “puede” y los “tal vez”, la reina es el “pero”.

ByGeCyhIUAA1U0w

Porque el “pero” es la palabra más puta que conozco, como ya decía Ernesto Sacheri en El secreto de sus ojos (película que recomiendo ver, por cierto). El “pero” tiene la capacidad de destruir lo que pudo haber sido y nunca será. El “pero” resquebraja las ilusiones, antesala de una bofetada emocional, demoledor en toda su extensión.

¿A quién no le ha pasado? “Te quiero, pero…”. ¡Vete al diablo! Esos peros que encubren excusas baratas son los peores. Porque esconden el miedo a la realidad, la comodidad de lo cotidiano, el no querer arriesgar. Y lo único que ese “pero” consigue es hacerte sentir insuficiente, deseable a medias, amada a ratos. Mientras que al dueño del “pero” lo refugia en su guarida un poco más sin que tú puedas hacer nada para evitarlo.

Porque por alguna extraña razón cuando escuchamos un “pero” nos ponemos en alerta, casi como cuando alguien nos mira a los ojos para atacarnos con el tan temido “tenemos que hablar”. Son décimas de segundo de pánico en el que toda tu vida en común pasa como una película ante tus ojos y asumes que tras ese “pero” ya nada será igual. Y ahí estás tú, escuchando “peros” por todas partes y esperando oír el único “pero” que merece la pena. El “pero” que desbarata toda esta teoría del terror hacia una dichosa palabra. Ese “pero”que abre la compuerta de la esperanza que ya creías perder y pone en entredicho aquello de que el orden de los factores no altera el producto.

Porque no es lo mismo un “te quiero, pero es complicado”.

Que un “es complicado, pero te quiero”.

Y hasta que ese orden no cambie, tú, tus virtudes y tus anhelos seguirán quedando relegados tras un cruel y muy puto “pero”.

Veneno

Atrapada. Atada de pies y manos. Enloquecida. Ausente y presente. Estoy asustada. Malherida y angustiada. ¿Flechada? Loca. Totalmente demente. Nerviosa, sensible y alterada. Estoy flotando pero me siento pesada. Me dueles y te lloro. Estoy necesitada, estoy más que pirada. Mal, pero a la vez tan genial. Como siempre que te veo, como siempre que me miras. Estoy casi inerte pero reviento de ganas. Estoy tremendamente viva. Espero… Te espero. Volvamos a empezar. O sigamos como hasta ahora. Crucemos la frontera. Tengo miedo y tú eres un cobarde.

Me desespero. Me ahogo en el laberinto que construyes con palabras. Estoy mareada. Peligro: tengo vértigo. Cúrame. Yo prometo cuidarte. Hace frío y no hay alcohol. Somos un maldito secreto a la luz del día pero seremos un delito cuando se vaya el sol. Te prohíbo que me llames. Te prohíbo que me escribas. Te prohíbo que me olvides. No, no lo harás…

IMG_20150214_170031Estoy rabiosa. Desencajada. Agarrotada, abatida y malhumorada. Quiero un abrazo. Quiero un revés. Quiero más citas. Quiero volver a verte reír, callar y escuchar. Sumergirme en tus ojos de color indefinido.

Me estremezco. Me desequilibras. El pulsómetro estalla cuando me rozas. No duermo, sueño. Y me muero de celos. Pero ella también. Eres un irresponsable. Aunque yo soy amoral. Estoy aterrorizada y encantada.

Brindemos. Brindemos por aquellas sonrisas. Un brindis por cada minuto que respiro contigo. Y una copa de más por cada día que no te tengo. Átame o ya déjame escapar. Quiero gritarte, quiero odiarte. Y quiero fugarme. ¡Vámonos! Llévame contigo a un rincón perdido, donde nadie nos conozca, donde no existan los corsés sociales y las ternas no terminen en drama. Donde no seamos una mentira nunca más.

Perdóname. He perdido el rumbo y tú has perdido el norte. Y la cabeza, los dos. Inconscientes, impulsivos, contaminados. Adictos a la piel y al olor. Desnúdame, te mueres de ganas. No voy a detenerte. Ya te lo he dicho, soy amoral y egoísta. Vulnerable también. Es cierto, te (re)quiero aquí, ahora y sin censura pero si buscas responsabilidades te equivocaste conmigo… Yo no soy esa.

Jugamos con fuego y ardemos sin control. Rozando el límite, saltando al vacío en cada beso robado. Construimos atmósferas infernales repletas de llamas que en un segundo son vida y después manto abrasador. Somos pecado y penitencia al mismo tiempo. Tú mi héroe y mi villano. Yo tu rehén y tu condena.

Quizá somos pura lujuria.

O simple veneno.

Pero me gusta acogerme a la máxima de Paracelso “todo es veneno, nada es sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno”.

No olvides traer tu dosificador la próxima vez.