Un corazón cualquiera

Nunca sabré a ciencia cierta quién habla cuando habla un corazón y muchas veces ni tan siquiera entiendo qué pretende decir pero el corazón de esta historia no es uno cualquiera. Es uno de esos que late deprisa cuando algo le acecha, que retumba cuando algo le duele, que apacigua sus pasos si otra alma lo consuela. Es un corazón grande, tanto como para poder irse lejos y llevarse consigo todo aquello que le hace feliz. Todos y cada uno de los recuerdos que lo transformaron en un corazón más fuerte y más valiente, todos los atesora en su interior.

Es un corazón orgulloso de sí mismo, de su capacidad de entrega, de su resistencia. A veces peca de engreído pero no es más que la coraza con la que se defiende del dolor y de la vida. Es un corazón solitario repleto de historias y misterios, de amores eternos, de sueños fugaces, de detalles sublimes, de cuentos chinos y alguno de hadas, de películas románticas, de guerras inacabadas. Es un corazón errante en busca del arca perdida, a veces deslumbrado por el brillo de otros como él, pero siempre cautivo de un silencioso miedo que le dice que no. Entonces se convierte en un pobre diablo despechado y triste, roto en mil pedazos, decepcionado, que busca remiendo más tarde con hilos de oro al estilo japonés.

Es un corazón que retumba en la sien cuando la rabia se le agolpa y que se le acomoda en el estómago cuando los nervios lo aprisionan. Llora y ríe según le convenga y según lo pretendan. Es un corazón recio como pocos, ha sobrevivido a envites y tormentas, a desgarros inesperados y a alguna que otra pérdida. Acumula vivencias por doquier, algunas mejores que otras, muchas fantásticas, otras secretas. Es indiscutiblemente libre para amar y ama por encima de todo esas pequeñas cosas que le dan paz y sosiego.

Es un corazón viajero, aventurero, decidido, imprevisible, impredecible. Le gusta jugar y a fuerza de partidas sabe bien lo que es ganar y también perder. Es infantil y responsable a partes iguales, curioso e intrépido. Le divierte llevar la contraria, abandera causas imposibles, ama sin reparos ni condiciones y si le tientas bien siempre te corresponde. Es un corazón tan loco que nunca sabes qué puedes esperar de él. A veces tan dulce como la miel; otras, luce cubierto de lágrimas y hiel. Tan pronto palpita lento en su cápsula del dolor como canta a pleno pulmón en una caja de ecos que suenan a recuerdos felices y a sonrisas vergonzosas.

Es un corazón que se entrega sin preguntas ni reproches, que aguanta, que vence, que respeta, que lucha, que muerde. Tiene la capacidad de helarse por segundos y derretirse por momentos después, no sé cómo lo hace. Se alimenta del deseo de ser, de estar y de pertenecer. Le gusta latir con energía para sentirse vivo mientras guarda pasiones que van quedando atrás. Es rebelde e impulsivo, a veces incluso prohibitivo. Tiende a vagar por la memoria sopesando el bien y el mal, puede que también en exceso el qué dirán. Pero escondido entre el amasijo de corazones errantes, mentirosos, culpables y envidiosos que nos rodean, él no pasa desapercibido. No, él no es un corazón cualquiera, él es uno de esos raros ejemplares que aún se atreven a amar con generosa sinceridad. descarga

 

 

 

 

 

 

Irse a tiempo es quedarse

Me voy con la sonrisa enmudecida y una mueca afligida en la cara porque no es fácil dar el paso pero ya es hora de tomar las riendas de una senda no sé si mejor, pero sí más adecuada. Te pido perdón si tú todavía sientes que esto no acaba, que duele demasiado una palabra callada, un gesto duro o una lágrima capturada. Acepta mis disculpas y piensa que no soy yo la que se marcha, que tú lo hiciste de puntillas mucho antes, y que todos somos marionetas de esto que algunos llaman amor y otros pasiones desbocadas. Puede que sea simplemente la vida con sus rutas maltrechas, sus caprichos ocultos, sus destinos inciertos. Puede que sea todo una triste comedia, un mágico drama, una ruleta rusa o una coincidencia tan extraña como inesperada. Pero aun con dolor me convenzo de que una partida a tiempo es la única opción que nos queda para seguir siendo, ahora ya en el recuerdo de una historia que pidió eternidad y resultó quedar sesgada. No alarguemos la condena ni arrastremos los pies por una pena que no merecemos ninguno de los dos.

61a2f7_b0a4358043894561804974e0b70e2929_mv2Porque lo que un día vivimos permanecerá, estoy segura, aunque la memoria se reserve antojadiza ciertos matices. Volveremos a ser aquellos que fuimos cada uno con nuestros caminos, buscando la paz en otros cuerpos, el amor sin condiciones, el respeto y el compromiso de nuevos valores. Otras almas vendrán para guiarnos cuando la propia nos juegue una mala pasada y siempre, en algún lugar no sé si del corazón o de la mente, se escapará la sonrisa traviesa por nuestros sueños inalcanzables entonces, quién sabe si probables después. Seguiremos siendo tú y yo, lejanos y difusos, perdidos en la ausencia, bruscos, puede que amargos a veces, pero felices también.

Te lo prometo.

Estaremos en cada recuerdo que una vez construimos, en cada plato que se nos hizo añicos, en las botellas de vino que nos bebimos a medias, en cada beso que protegimos del miedo, en cada melodía a la luz de las velas. Seguiremos estando en las navidades y los cumpleaños, en los detalles improvisados, en las servilletas grabadas, en las cartas manuscritas. Y también, por qué no, en las noches de cine y de fútbol, en la torpeza de un baile espontáneo, en las risas estridentes, en las cosquillas y en los chistes malos.

Volveremos a estar en las batallas ganadas, en las guerras perdidas, en la fuerza de una palabra, en el abrazo curativo, en el nacimiento de un pequeño latido. Compartiremos con otros alegrías parecidas, secretos, misterios y retos. Mejoraremos todo aquello que no nos funcionó, aprenderemos de los errores y los tropiezos, también de todo lo bueno que nuestra historia nos brindó.

Nos quemaremos los labios con la impaciencia del café matutino, aunque ninguno podrá volver a mezclar tu sabor con el mío. Leeremos más y mejores libros quizá, pero siempre repetiremos aquellos versos que memorizamos y que tanto nos marcaron. Forjaremos nuevos sueños pero mantendremos la ilusión intacta para realizarlos. Reiremos envueltos en el eco de otras carcajadas y mezclaremos colores distintos en nuestra paleta vital, pero siempre nos detendremos un segundo ante el azul intenso del mar. Ese mar que nos llevó casi a naufragar en las tormentas del ego, que nos impregnó de sal las heridas y que terminó meciéndonos serenos cuando entendimos, por fin, que en el amor no siempre gana el que más ama.

Me despido ahora que no es demasiado tarde, ahora que todavía te quiero, ahora que la vida me da la fuerza para hacerlo sin rencores ni miedos. Porque en algún lugar sé que seguiremos siento nosotros, un par de locos enamorados, aunque ya no lo estemos y ni tú ni yo volvamos a ser los que fuimos antaño.

 

 

Entre tú y yo

Entre el embrujo y el miedo,

la prisa y el ansia,

nace un amor prohibido y ajeno,

fiero temblor que sacude la calma.

 

Entre la paz y el arrullo

del abrazo y la nana,

gravitan con celo y deseo

mil caricias por la espalda.

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Entre las luces y sombras

del olvido y la rabia,

en una trinchera de besos

dos cuerpos se mecen al alba.

 

Entre el pecado y el sueño,

el ardor y la magia,

mi sed y tu anhelo

cabalgan cinturas perladas.

 

Entre el azar y el destino

del adiós y la falta,

arrasa con fuerza el camino

esta pasión desbocada.

 

Entre el quiero y no puedo,

el temor y las ganas,

pierdo la fe si te espero,

estrella fugaz que se apaga.

 

Entre el amor y la guerra,

la risa y la lágrima,

la fuerza del ego,

tu cielo y mi alma.

 

El mar en sus labios

Cuando abrió los ojos aquella mañana y lo miró durmiendo a su lado se sintió tan atrapada que quiso huir. ¿Por qué ahora? Después de todo no era la primera vez que despertaban juntos tras una noche frenética. Había habido muchas de ésas, incontables, inconfesables. Y sin embargo aquella mañana algo cambió. Quizá no fue de inmediato, quizá ese desasosiego, ese hastío, venía gestándose tiempo atrás pero para ella no habían sido más que señales difusas que intentaba apartar de su mente, puede que también de su corazón.

Se levantó despacio, no sabe si por miedo a ser descubierta o por la desazón de llevar a cabo su plan. Decirle adiós no era fácil, quizá por eso pensaba aprovechar ese momento para salir sin decir nada. Sí, como una cobarde. Pero cuántas veces quiso hablar, cuántas cosas intentó decir sin que la entendieran, sin que le prestaran atención, sin tan siquiera una bronca o una réplica. O quizá es que nunca nadie le dijo lo que ella quería oír, lo que sentía que merecía, y ya se había cansado de eso. De ser la parte perdedora, la segunda en el podio, la que nunca recibe los honores. Ya se había cansado de ese hábito que durante años la mantuvo lejos de la exclusividad siendo la que dándolo todo no pedía nada a cambio. Se acostumbraron a esa mujer todos los que jugaron entre sus piernas y al final ella también se acomodó a ser quien probablemente no era. Al fin y al cabo lo pasaba bien.

Pero aquella mañana algo en su interior se le rompió. Sintió que se le quebraba la esperanza de que por una vez las cosas iban a ser diferentes, de que él daría los pasos necesarios, de que apostaba por un futuro sin mentiras, sin engaños, sin secretos, sin terceros, sin huidas. Pero se dio cuenta de que eso nunca sería posible, salir de la comodidad establecida era probablemente una quimera y ahora la que huía era ella. A tientas recogió su ropa del suelo y salió de puntillas de la habitación. Lo miró por última vez bañado por la tenue luz que dejaba entrever la persiana bajada hasta la mitad y con mucho esfuerzo le lanzó un beso al aire y le susurró un tímido adiós.

ti-al-mareRespiró hondo al llegar a la calle sintiéndose libre y aterrada. Lloró tras los cristales de sus gafas de sol pero mantuvo la cabeza alta y comenzó a caminar sin rumbo. Ya estaba fuera, ¿a dónde iba? El sol de la mañana le calentaba la piel pero ella sentía frío. Un frío intenso y hueco recorriéndole el cuerpo, haciéndola temblar. Tuvo que sentarse en un banco antes de poder continuar andando, le flaqueaban las piernas y las lágrimas ya no le dejaban ver tras los cristales empañados. Tenía que serenarse y calmarse, no la podían ver así, maldita alma en pena, respira.

Pensó en si lo que estaba haciendo era lo correcto y en si a estas alturas él ya se habría dado cuenta de su partida. Quiso enviarle un mensaje, quizá le debía una explicación, pero el temor a volver atrás le hizo recapacitar. Se puso en pie y ahora con más rabia que tristeza se fue directa a la estación central. La suerte quiso que un tren parado en el primer andén fuera directo a la costa, sin demora. Así que casi sin pensar pagó su billete y subió. Le daba igual el destino mientras pudiera ver el mar…

El tren empezó a traquetear cada vez con más ritmo mientras se alejaba de la estación, de aquella ciudad, de su prisión. Se quedó absorta mirando el paisaje, primero las fábricas, después los campos, más allá el Mediterráneo. No pensó en nada, sólo quería sentir paz y callar las voces beligerantes en su interior. Esas voces que le decían vuelve, te quiere. Calma, no desesperes. Todo cambiará. No, no lo hará. Esa guerra de emociones que la seguía aturdiendo, confundiendo, martirizando. Cerró los ojos y se dejó mecer por el vaivén, adormilándose, agotada. Cuando el tren llegó a su destino bajó con rapidez en busca de ese espigón que conocía bien, en la playa de su infancia. Quizá la inercia la había llevado hasta allí, quizá fuera la necesidad de refugiarse incluso de sí misma en los recuerdos felices de su niñez.

Inspiró el aire que provocaban las olas al chocar contra las rocas, mezcla de sal y dulzor. El fuerte olor a mar se le colaba por la nariz y se le agarraba al paladar, pero le gustaba. Sumergió los pies en el agua y se acarició las piernas con las yemas de los dedos, dibujando caminos de gotas, formas etéreas que no significaban nada. Se quedó largo rato allí sentada, quieta, en silencio, descifrando la línea del horizonte, intentando adivinar qué había más allá. Otros lugares, otras tierras, otras personas. Puede que un viejo amor. Sonrió. El amor… Siempre de vuelta a él. Y en esa sonrisa melancólica notó un intenso sabor a mar en sus labios. Una lagrima salada le recordó que lo que escuece un día sana y eso no es muy diferente a lo que ocurre con las heridas del corazón.

 

 

 

Vamos, ven

Dame tu mano y vamos a bailarle a la vida todo lo que ella nos prohíba. Vamos a buscarnos por los rincones como gatos en celo, vamos a mantenernos leales como perros. Vamos a ser un par de tontos, cursis y locos. Vamos a despojarnos de la ropa y vamos a curarnos todas esas heridas que a nadie antes le dejamos ver. Ven conmigo, que ya casi va a amanecer.

Mírame a los ojos y cuéntame tu vida, a retales y a tu ritmo. Que no quede un secreto por conocer pero que tengamos siempre miles de palabras por descubrir. Vamos a perdernos por el mundo, sin rumbo. Huyamos como vagabundos sintiéndonos reyes del universo. Seamos cómplices en la risa, amparo en las lágrimas, fuerza en cada caída. Vamos a ser esas dos almas libres que sin necesidad de nada se lo regalan todo. Ven, vente conmigo antes de que se esconda este último rayo del atardecer.

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Bésame ahora, que el tiempo apremia, que la duda avanza, que el deseo quema. Vamos a contarnos los lunares y los sueños, vamos a despojarnos de esos estúpidos miedos. Camina a mi lado, plantemos juntos una semilla de amor y futuro, de fe. Vamos a aprender el uno del otro, a respetarnos, a elegirnos a diario. Vamos a confesarnos los pecados, a cometer tantos otros y a dejarnos vencer.

Ven conmigo, si te atreves, antes de que me pierda en el caos del anochecer.

Vamos, ven.

 

Retales

Tumbada en la cama no sabe cómo acomodarse esta noche, hace demasiado calor. Ni una ligera brisa se cuela por las rendijas de las persianas. Nada. Boca arriba, boca abajo, de lado. Dando mil vueltas sin encontrar la postura que le permita conciliar el sueño, alcanzar la paz.

Hace apenas unas horas ese desasosiego era pura pasión y ese sudor, calentura. Una vez más sumida en el torbellino de las emociones, del sexo, de la adrenalina, del egoísmo y del temor. Pero cómo decirle que no a quien la llena de tanto, aunque luego ese torrente de todo se convierta en un amargo y doloroso vacío. Cómo resistir el envite del placer surcando su piel, de las caricias que le erizan el vello y que hacen temblar los rincones más dormidos de su ser. Cómo negarse a querer sentirse irremediablemente esa mujer.

8-Yaces-sobre-la-cama-Mujer sensual-Desnuda-Erótica-Optimizada-Relatos-EspejoUna mujer poderosa que lo mira a los ojos mientras toma el control bajo sus caderas. Ambiciosa, sabiéndose deseada, buscando mucho más. Seductora, sin complejos, jugando al mismo tiempo a ser niña consentida y femme fatale. Dominante y dominada, fuerte y tan frágil a la vez. Entendiendo que los tiempos tienen límite, que en los juegos también se pierde, que el fuego hasta que no mata igualmente hiere. Pero a ella, sumida en el caos del deseo, poco le importa. Prefiere no pensar en los daños, ni en los riesgos, ni en las mentiras ni en el qué dirán.

Porque cuando el brillo en las pupilas da paso a un roce que suavemente se intensifica, cuando las yemas de los dedos aprietan entre las piernas, cuando los labios trazan caminos surcando el cuello, cuando la columna se arquea y los latidos se aceleran por momentos… De ahí ya no se puede escapar. La razón pasa a ser instinto y el amor una mera ilusión. Cae de pleno en las garras de un hombre que la quiere, es cierto, quizá a veces incluso la ama, pero cómo saberlo. En esos momentos sólo se dejan llevar por la furia y el desenfreno, por el exceso de atrevimiento. Juegan, prueban, tientan y se provocan a partes iguales. Ahora tú, ahora yo, relevando las ganas, explotando el deseo.

Qué calor esta noche. Se levanta para abrir de par en par las ventanas buscando alivio, se le está asfixiando hasta el alma. Ahora que el compás de sus cuerpos ha terminado y sólo el olor impregnado en su piel es testigo de esta locura reaparece el vaivén emocional. El insomnio, la tristeza, el abismo y la incerteza. Ese baile de cadenas que la atan y desatan a un imposible increíblemente tan tangible es demasiado cruel cuando tras poseerlo azota de nuevo la soledad. Acariciar con los dedos su espalda a la par que el cielo, creer que lo efímero de sus ratos a solas un día podrá ser eterno… Y caer de bruces otra vez al verlo marchar.

Le quema en las entrañas una pasión maltrecha mientras anhela ser protagonista de la historia que, bien lo sabe, nunca vivirá. Riegan sus mejillas un par de lágrimas cargadas de celos y rabia mientras por fin una bocanada de aire fresco la ayuda a recomponerse, a respirar. La libertad implica un peaje muy caro que quizá ninguno de los dos está dispuesto a pagar y al final lo que comparten son sólo los retales de una vida hecha jirones que a besos, feroces y desconsolados, tratan de remendar.