¡Estamos jodidos, mundo!

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“¡¿Pero esto qué es?!” Esa ha sido mi primera reacción al confirmarse la noticia: los peores temores se han hecho realidad. Si hasta ayer las esperanzas de que en última instancia Hillary Clinton se haría con el poder tras meses de bailes de cifras y encuestas contradictorias, porque un tipo como Trump NO puede ser presidente, ahora nos damos de bruces con la cruda verdad. Como si despertáramos de un mal sueño los que estamos a este lado del charco, y viviendo sus peores pesadillas los del otro, la noche electoral ha sido realmente de infarto, demostrando que sí, la diferencia de puntos era mínima y sí, la realidad siempre supera a la ficción, por muy jodida que sea.

Despertar con la confirmación de que semejante caricatura se convierte en el próximo presidente de la primera potencia mundial da escalofríos. Si echamos la vista atrás a lo que han sido estos meses de campaña, rifirrafes y sinsentidos, una se pregunta cómo es posible que entonces consiguiera llegar a ser candidato a la presidencia y, ahora, hacerse con ella alguien que está más cercano al esperpento que a la sensatez.

Durante sus innumerables discursos Trump ha dejado clara su postura más radical defendiendo principalmente el nacionalismo político, el proteccionismo económico y el aislacionismo militar, lo que hace tambalear la alianza con Europa en cuanto a su seguridad, hecho que no ocurre desde 1949. Además apuesta por derogar las reformas impulsadas por Obama en materia de sanidad e inmigración así como renegociar o incluso romper el NAFTA, lo que afectaría principalmente al mercado mexicano. El peso, sin ir más lejos, se ha desplomado en cuanto el republicano ha salido vencedor, igual que la mayoría de mercados bursátiles que durante la jornada de hoy viven con absoluta ansiedad la incertidumbre que se avecina en los parqués.

Donald Trump no tiene ni idea de política y sin embargo su mensaje radical ha calado tan hondo como para llevarlo hasta la Casa Blanca. ¿Por qué? ¿Qué está pasando en la sociedad que no estamos entendiendo? Ya no me refiero simplemente a los Estados Unidos, me quedo en casa, en esta Europa nuestra que también se nos viene abajo por momentos. Cómo es posible que en pleno siglo XXI calen mensajes más propios de tiempos remotos preferiblemente para dejar en el olvido. La victoria de Trump es la constatación de los fenómenos populistas que ya están haciendo ruido en países como Francia, con Marine Le Pen a la cabeza del Frente Nacional, y primera en felicitar al magnate por su victoria. En Italia, con Beppe Grillo en constante pugna con el primer ministro Renzi; en Alemania con la AfD cada vez más fuerte de cara a las elecciones del próximo año; o en Holanda donde los sondeos dan como favorito a Geert Wilders, abiertamente xenófobo y antieuropeísta.

Trump no es el único pero sí probablemente el más peligroso. Una bomba de relojería que parte del electorado estadounidense ha puesto en marcha sin saber muy bien cómo ni por qué. Lo cierto es que el magnate con sueños de loco ha ganado unas elecciones contra su propio partido, las encuestas, los gurús y politólogos, Wall Street y los medios de comunicación. Es un fenómeno político que ha ganado contra todos. Ahora queda por ver si una vez en el Despacho Oval mantiene su discurso agresivo más propio de un fanfarrón provocador que de un hombre merecedor de estar donde nunca debió llegar.

El mundo se tambalea. Estamos jodidos.