Vámonos

Vamos a escondernos tras la ladera

de aquella montaña de hielo

donde tu calor y mi fe ciega

son de este querer escuderos.

Vámonos a robarle caricias al viento

que las voces del eco nos quiebran

intentando con furia condenarnos

por esta locura de mieles y hiedra.

Vámonos al refugio de nuestras pasiones,

a la oscuridad de aquella noche eterna

cuando pudimos amarnos por horas,

mientras la lluvia ahogaba las penas.

Vamos de nuevo a ese jardín prohibido

donde tú eres solo mío, nunca más de ella,

y donde yo soy para siempre tuya,

envuelta en rosas, perfumes y sedas.

Vámonos a donde no puedan seguirnos los miedos,

las injurias, las mentiras, los celos,

que la culpa siempre se viste de gala

y se adueña de los amores más necios.

Vámonos a la orilla del mar

para que la brisa despeine tu pelo

mientras mis labios buscan tu sal

y las olas nos mecen bajo su seno.

Vámonos a cabalgar de luna en luna

que quiero morir cada noche a tu lado

consumiéndome las ganas y la ternura

en el húmedo placer que sabe a pecado.

Vámonos lejos de aquí, de todo,

que ya no puedo soportar más la carga

de sentirte a escondidas del mundo,

de ocultarte incluso de mi alma.

Vámonos, ¿a qué le temes?

¿No es acaso esta forma de vida,

una triste condena de muerte?

Vámonos, no me atormentes…

Que los años no regalan clemencia

y nuestra juventud de alas doradas

pronto será un recuerdo maltrecho

tejido entre las sienes de plata.

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Vamos, ven

Dame tu mano y vamos a bailarle a la vida todo lo que ella nos prohíba. Vamos a buscarnos por los rincones como gatos en celo, vamos a mantenernos leales como perros. Vamos a ser un par de tontos, cursis y locos. Vamos a despojarnos de la ropa y vamos a curarnos todas esas heridas que a nadie antes le dejamos ver. Ven conmigo, que ya casi va a amanecer.

Mírame a los ojos y cuéntame tu vida, a retales y a tu ritmo. Que no quede un secreto por conocer pero que tengamos siempre miles de palabras por descubrir. Vamos a perdernos por el mundo, sin rumbo. Huyamos como vagabundos sintiéndonos reyes del universo. Seamos cómplices en la risa, amparo en las lágrimas, fuerza en cada caída. Vamos a ser esas dos almas libres que sin necesidad de nada se lo regalan todo. Ven, vente conmigo antes de que se esconda este último rayo del atardecer.

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Bésame ahora, que el tiempo apremia, que la duda avanza, que el deseo quema. Vamos a contarnos los lunares y los sueños, vamos a despojarnos de esos estúpidos miedos. Camina a mi lado, plantemos juntos una semilla de amor y futuro, de fe. Vamos a aprender el uno del otro, a respetarnos, a elegirnos a diario. Vamos a confesarnos los pecados, a cometer tantos otros y a dejarnos vencer.

Ven conmigo, si te atreves, antes de que me pierda en el caos del anochecer.

Vamos, ven.

 

Retales

Tumbada en la cama no sabe cómo acomodarse esta noche, hace demasiado calor. Ni una ligera brisa se cuela por las rendijas de las persianas. Nada. Boca arriba, boca abajo, de lado. Dando mil vueltas sin encontrar la postura que le permita conciliar el sueño, alcanzar la paz.

Hace apenas unas horas ese desasosiego era pura pasión y ese sudor, calentura. Una vez más sumida en el torbellino de las emociones, del sexo, de la adrenalina, del egoísmo y del temor. Pero cómo decirle que no a quien la llena de tanto, aunque luego ese torrente de todo se convierta en un amargo y doloroso vacío. Cómo resistir el envite del placer surcando su piel, de las caricias que le erizan el vello y que hacen temblar los rincones más dormidos de su ser. Cómo negarse a querer sentirse irremediablemente esa mujer.

8-Yaces-sobre-la-cama-Mujer sensual-Desnuda-Erótica-Optimizada-Relatos-EspejoUna mujer poderosa que lo mira a los ojos mientras toma el control bajo sus caderas. Ambiciosa, sabiéndose deseada, buscando mucho más. Seductora, sin complejos, jugando al mismo tiempo a ser niña consentida y femme fatale. Dominante y dominada, fuerte y tan frágil a la vez. Entendiendo que los tiempos tienen límite, que en los juegos también se pierde, que el fuego hasta que no mata igualmente hiere. Pero a ella, sumida en el caos del deseo, poco le importa. Prefiere no pensar en los daños, ni en los riesgos, ni en las mentiras ni en el qué dirán.

Porque cuando el brillo en las pupilas da paso a un roce que suavemente se intensifica, cuando las yemas de los dedos aprietan entre las piernas, cuando los labios trazan caminos surcando el cuello, cuando la columna se arquea y los latidos se aceleran por momentos… De ahí ya no se puede escapar. La razón pasa a ser instinto y el amor una mera ilusión. Cae de pleno en las garras de un hombre que la quiere, es cierto, quizá a veces incluso la ama, pero cómo saberlo. En esos momentos sólo se dejan llevar por la furia y el desenfreno, por el exceso de atrevimiento. Juegan, prueban, tientan y se provocan a partes iguales. Ahora tú, ahora yo, relevando las ganas, explotando el deseo.

Qué calor esta noche. Se levanta para abrir de par en par las ventanas buscando alivio, se le está asfixiando hasta el alma. Ahora que el compás de sus cuerpos ha terminado y sólo el olor impregnado en su piel es testigo de esta locura reaparece el vaivén emocional. El insomnio, la tristeza, el abismo y la incerteza. Ese baile de cadenas que la atan y desatan a un imposible increíblemente tan tangible es demasiado cruel cuando tras poseerlo azota de nuevo la soledad. Acariciar con los dedos su espalda a la par que el cielo, creer que lo efímero de sus ratos a solas un día podrá ser eterno… Y caer de bruces otra vez al verlo marchar.

Le quema en las entrañas una pasión maltrecha mientras anhela ser protagonista de la historia que, bien lo sabe, nunca vivirá. Riegan sus mejillas un par de lágrimas cargadas de celos y rabia mientras por fin una bocanada de aire fresco la ayuda a recomponerse, a respirar. La libertad implica un peaje muy caro que quizá ninguno de los dos está dispuesto a pagar y al final lo que comparten son sólo los retales de una vida hecha jirones que a besos, feroces y desconsolados, tratan de remendar.

 

 

 

 

Pecado

Lujuria son tus dedos inquietos, húmedos mis labios.

Es el fuego en tus ojos, reflejo intenso de los míos.

Es la sonrisa que incita, el olor que perdura, el deseo que habita.

Pereza es mi piel cuando queda yerma de tus manos.

Es la desidia en tu ausencia, el lento pasar de los días.

La indolencia al no tenerte, el tic-tac de la apatía.

Gula son mis ansias por tu cuerpo, tu hambre por el mío.

Es el sustento que nos mantiene, la pasión que nos embriaga.

La obsesión por tu calor abriéndome las piernas y el alma.

Ira es el tiempo sin ti, batalla entre la ambición y el ego.

Son los minutos que no te tengo, ese juego donde te pierdo.

Es verte partir, luchar contra los sentimientos, no poder dormir.

Envidia es anhelarte siendo ajeno, tú mi estrella fugaz.

Son los celos del viento que acaricia tu pelo y también quien naufragó antes en mi mar.

Es la utopía que me susurra por dentro que somos nosotros al pasar.

Avaricia es el placer que no se acaba, mágica explosión de los sentidos.

Es la codicia de lo eterno en nuestras manos, los miedos que nunca nos decimos.

Es robarnos el aire con una mirada, es tu aliento sobre el mío.

Soberbia es la adrenalina de lo prohibido, tu boca vanidosa jugueteando en mi ombligo.

Es subirnos juntos al carrusel de la vida y jactarnos así del destino.

Es la rendición de nuestros pecados, el amor que nos ha vencido.

 

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Lo que deseo para ti

Deseo que la vida te sonría y que aprendas a sonreírle tú a ella cuando se le olvide tratarte con condescendencia. También deseo que de vez en cuando lo haga, sí, que te golpee, que te haga bajar de la nube para que le abras los ojos a la cruda realidad. Así es como se aprende, como se crece.

Deseo que tengas amigos, muchos a poder ser, de diferentes ámbitos, círculos y culturas. Pero sobre todo, deseo que tengas uno, aunque sólo sea uno, a quien puedas confiarle ciegamente tus alegrías, tus miedos, tus locuras y tus miserias. También, por qué no, deseo que tengas de esos malos amigos que sólo te quieren por interés para que te hagan dudar de tus certezas y reaccionar cuando estés haciendo las cosas mal.

Deseo que viajes, que te muevas, que te atrevas a conocer y que nunca dejes de sentir curiosidad. Deseo que tu mayor aventura esté siempre por llegar y que sepas atesorar cada experiencia que te brinde la vida como si del mejor regalo se tratara.

Deseo que seas emocionalmente generoso con las personas que te rodean, lo suficientemente humilde como para poder aceptar un buen consejo y sabio para entender la importancia del silencio y de ceder tu palabra para escuchar a los demás.

Deseo que seas sincero en tus promesas pero más en tus actos. Deseo que te quejes cuando algo te incomode, pero no que ataques y hieras. Deseo que opines de todo, pero sin criticar. Deseo que no te escondas de ti mismo, que no trates de huir de los sentimientos y que no disfraces con mentiras la verdad.

NIÑOS CAMINANDO POR LA VIA DEL TREN

Deseo que aproveches las oportunidades que se te presenten y que busques nuevas alternativas cuando algo no te convenza. También deseo que flaqueen tus fuerzas para que no te acomodes, que el desasosiego te sirva para reinventarte y que luches con más convicción cuando te vuelvas a levantar.

Deseo que ames profundamente sin el temor a lo incierto. Y quiero que te amen de la misma manera, que te amen mucho pero sobre todo que te amen bien. Y si llega el momento de decir adiós deseo que tengas un buen olvido, lejos del pesar y de la venganza. Que llegue el día en el que puedas voltear al pasado con una sonrisa y que te conviertas al menos en un bonito recuerdo para quien quiera custodiarte en su memoria.

Deseo que seas tolerante con lo que te disgusta, paciente con los errores que cometen los demás e igualmente justo con los tuyos propios. Deseo que el rencor no te coma por dentro pero que si empieza a hacerlo lo sepas detener. Deseo que tengas algún fracaso para que los éxitos no se te suban a la cabeza con demasiada facilidad, y que si eso pasa espero que no te falten aquellos que te vuelvan a poner en tu lugar.

Deseo que confíes en la gente pero que si te menosprecian te alejes sin titubeos. No quiero que fuerces ni que lastimes, no quiero que aguantes todo por nada ni que te aferres al dolor con resignación, pero que si eso ocurre que al menos tu duelo sea corto.

Deseo que de vez en cuando le des una tregua a tu exigencia y te permitas llorar para sanar. Que si te azota la angustia no sea imaginaria y que si algo te ahoga aprendas pronto a nadar. Quiero que dejes en manos del tiempo todo lo que realmente no puedes controlar.

Deseo que no te pongas cadenas ni que trates de ponérselas a nadie por ti. Ama sin ser posesivo, ama la libertad de quien amas, ama con respeto y admiración. Deseo que acompañes en su camino a las personas que ames pero sin invadirlas, ni juzgarlas, ni sobreprotegerlas. Deseo que trates de vivir rodeado de quienes te hagan mejor y confío en que tú también seas capaz de mejorar a los demás.

Y espero que cuando llegues a viejo y te tengas que echar cuentas a ti mismo acaricies con ternura las cicatrices que un día te dejó la vida por vivirla y que entonces puedas sentir algo parecido al orgullo, o quizá a la tranquilidad.

 

 

Prometo

Hoy no voy a prometerte la eternidad ni tampoco estoy capacitada para bajarte una estrella, ni para pintarte la luna de colores, ni para pasear en nubes de algodón que se puedan desvanecer mañana. Hoy simplemente puedo prometerte sinceridad. Así que aquí me tienes, desnudándome para ti. Cuántas veces lo hemos hecho, ¿verdad? Cuántas veces nos hemos quitado mutuamente la ropa y hemos sentido el desfallecimiento que viene tras cada escalofrío. Tantas que hemos perdido la cuenta de los besos que nos damos, aunque llevo guardada también la lista de los que nunca llegaron. Lo siento, soy así y a veces me consume la memoria. Por eso ahora no quiero volver a las andadas ni perderme en esos mares de deseo confuso, de tormenta en la cama y tormento en el alma. Hoy nos toca ser tan adultos como para prometernos lo que sí podamos cumplir aunque sigamos jugando al amor con esa magia tan nuestra como infantil. Y si te da miedo no te preocupes, que por eso estoy yo aquí dando el primer paso, desnudando todas mis promesas ante ti.

Prometo cuidarte la fiebre y la depresión, la conjuntivitis, el dolor de cabeza y el maltrecho corazón. Prometo salvaguardar tus espaldas y batallar con tus demonios. Prometo ser la mujer que encienda tus pasiones y alivie tus temores, si tú me dejas. Como también prometo riñas y portazos, pero nunca engaños y mucho menos traición. Te prometo la misma lealtad en la cumbre y en el pozo, con cifras de muchos ceros y con números rojos.

Prometo risas descaradas, ahogadillas en la playa, sonrisas íntimamente pícaras y miradas de esas que dicen ven sin pronunciar palabra. Te prometo ilusión y esfuerzo por salir adelante cuando las cosas se nos tuerzan. Prometo soplar siempre con el viento a nuestro favor y remar hasta el extremo cuando la vida nos lo ponga más difícil. Te prometo respeto por la persona que eres, por tus ideales, tus pensamientos, tus manías y tus misterios. Prometo preguntarte qué tal tu día cada día de mi vida que pase sin ti y quedarme a escuchar tu respuesta.

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Prometo ser paño de lágrimas y saco de boxeo cuando lo necesites, igual que almohadón y refugio cuando busques calma. Te prometo películas en versión original y entradas para todos los conciertos y partidos que te emocione ver. Prometo hacerme la remolona en la cama los domingos y noches de cine y palomitas los miércoles. Te prometo dulces caseros cualquier tarde, restaurantes de postín y comidas callejeras. Prometo silencio por las mañanas y no prometo no soltar algún gruñido por el pasillo, pero te prometo compensar mi mal despertar con las mejores buenas noches que puedas soñar.

Prometo no soltar tu mano mientras tú quieras agarrar la mía, y caminar a tu lado en la desesperanza y en la soledad, porque sé que para lo bueno tendrás muchas manos más. Te prometo calor cuando llegue el frío y brisa fresca cuando nos intente ahogar la rutina. Prometo locuras, fiestas y sorpresas, te aviso desde ya de todo eso. Prometo romper los platos de vez en cuando y no ser ninguna niña buena en la cama, pero eso ya lo sabes tú.

Te prometo viajes, muchos viajes, todos los que hemos pactado ya y todos los que podamos imaginar. Te prometo cartas de amor de aquí a cincuenta años y notitas tontas al lado de la lista de la compra. Te prometo bailes descalzos sobre la alfombra y libros por compartir. Prometo noches en vela junto a ti y tus problemas, prometo energía y soluciones. Y si no puedo encontrarlas, te prometo todo el apoyo y la fuerza que soy capaz de dar.

Prometo deshojar la margarita hasta que me diga que sí me quieres aunque no necesite flores para saberlo. Prometo seguir siendo la chica de los regalos inesperados y la que irá a donde haga falta por estar a tu lado. Prometo no tentar a la suerte ni jugarme el todo por nada que me haga perderte. Te prometo un hogar divertido, sincero, generoso, cálido y respetuoso. Te prometo la enorme aventura de ser padres si la vida nos escoge algún día para ello, mientras el cielo guarda lo que no nos concedieron.

Ya ves que no puedo prometerte nada fuera de lo común ni que tendrás una vida perfectamente rosa a mi lado, pero tampoco pido de vuelta ser la protagonista de tus cuentos de hadas y princesas. No quiero ser el ideal soñado y quedarme al final perdida en los sueños que por irreales se nos han desgastado. Así que mírame mientras me desnudo delante de ti con cada una de mis promesas resbalándome la piel. No puedo prometerte lo que no tengo y lo que no soy, pero si te atreves a venir conmigo, después de todo, lo único que puedo prometerte sin tapujos ni complejos es mi amor.