Pecado

Lujuria son tus dedos inquietos, húmedos mis labios.

Es el fuego en tus ojos, reflejo intenso de los míos.

Es la sonrisa que incita, el olor que perdura, el deseo que habita.

Pereza es mi piel cuando queda yerma de tus manos.

Es la desidia en tu ausencia, el lento pasar de los días.

La indolencia al no tenerte, el tic-tac de la apatía.

Gula son mis ansias por tu cuerpo, tu hambre por el mío.

Es el sustento que nos mantiene, la pasión que nos embriaga.

La obsesión por tu calor abriéndome las piernas y el alma.

Ira es el tiempo sin ti, batalla entre la ambición y el ego.

Son los minutos que no te tengo, ese juego donde te pierdo.

Es verte partir, luchar contra los sentimientos, no poder dormir.

Envidia es anhelarte siendo ajeno, tú mi estrella fugaz.

Son los celos del viento que acaricia tu pelo y también quien naufragó antes en mi mar.

Es la utopía que me susurra por dentro que somos nosotros al pasar.

Avaricia es el placer que no se acaba, mágica explosión de los sentidos.

Es la codicia de lo eterno en nuestras manos, los miedos que nunca nos decimos.

Es robarnos el aire con una mirada, es tu aliento sobre el mío.

Soberbia es la adrenalina de lo prohibido, tu boca vanidosa jugueteando en mi ombligo.

Es subirnos juntos al carrusel de la vida y jactarnos así del destino.

Es la rendición de nuestros pecados, el amor que nos ha vencido.

 

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Respiro

Siento el aire inundando mi nariz, bajando hasta mis pulmones, abriéndome el pecho de par en par. Con furia entra en mí el huracán del olvido mientras golpean con fuerza los recuerdos contra mis ventanas, queriéndome descolocar. Pero hoy huyo de todas esas puertas que sólo abren al pasado, de todos esos sentimientos que un día creí bucólicos y que ahora sólo buscan martirizar. No quiero saber nada de aquellos aires de grandeza que una vez fueron sin ser. No me interesan las ínfulas de quien se cree poderoso siendo nadie, ni de quien pretende serlo a costa de los demás. Ya no soy aquella niña que el viento efímero de una pasión podía hacer tambalear.

Entra en mí este aire frío que despierta mis rincones más adormecidos, que me pone alerta, que me despeja la mente y me ventila el corazón. Acaricio la brisa como si fuera un terciopelo rozándome la piel. La siento ligera, suave, condescendiente. Poco a poco me va mitigando la carga, me desata los nudos, me descama el óxido acumulado en el alma.

Es un viento agradable éste que busca insuflarle vida a un nuevo comienzo en el que emana la risa, el fervor, la verdad, el consuelo, la alegría, el bienestar. Irrumpe en mí la ilusión, el amor, la paz. Vuelan lejos las malas intenciones, los dobles sentidos, las estrategias, los desaires, las mentiras, las poses fingidas, la hipocresía, las burlas y el interés.

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Fluye en mí un incesante vaivén de sentimientos convalecientes buscando consuelo y otros que, recién nacidos, sólo quieren sobrevivir en este huracán que forman siempre mis emociones.

Siento el aire inundando mi nariz, bajando hasta mis pulmones, abriéndome el pecho de par en par como si de repente todo cobrara un nuevo sentido. Como si hasta ahora no hubiera sido capaz de oler la libertad.

Y hoy, por fin, respiro.

 

 

 

Libre

Libre rompo mis cadenas

desgarrándome el dolor,

la incertidumbre y el desorden.

Libre de ese caos

que castiga en las noches

y que ahoga en las penas.

 

Libre huyo del amor inalcanzable

veneno amargo de esos besos

que mitigan mentiras y engaños.

Libre también del lastre

que paraliza la vida

atesorando daños.

 

Libre deshago mis maletas

esparciendo emociones y lágrimas

a partes iguales.

Libre de los tristes recuerdos

de dos almas etéreas

que se pensaron inmortales.

 

Libre me voy de la guerra

de un corazón indeciso,

caricias atormentadas.

Libre del temor de tus andanzas

desbarato mis sueños rotos

arañándome el alma.

 

Libre busco otros horizontes

con la memoria adulterada

por historias de fuego y helor.

Libre del miedo a perder

y más valiente que nunca al saber

a qué jugaba tu amor.

 

Libre guardo ahora mis emociones,

mis promesas y tentaciones

para un destino mejor.

Libre de conjeturas y pecados,

orgullo, deseo y futuro

que con fervor he batallado.

 

Libre busco de nuevo el latir

de aquel corazón ingenuo y apasionado

que en su lealtad fue mancillado.

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Libre me voy alejando de ti

sin rencor por la desdicha,

sabiendo cuánto te he amado.

 

 

 

Generación 3.0

Miro a mi alrededor y tengo la sensación de que cada vez somos más cómodos. Queremos tenerlo todo y sin embargo no concedemos nada ni le ponemos un poco de esfuerzo a los asuntos del corazón. Nos retraemos, nos protegemos. Somos unos malditos estrategas y las nuevas tecnologías nos están haciendo demasiado daño.

Queremos llenar Instagram con “¡buenos días, princesa!” y cafés para dos, pero por lo general nos vamos antes del desayuno, no sea demasiado comprometido eso de compartir también las mañanas. Nos gusta generar likes perfectos y airear a los cuatro vientos nuestra felicidad de dedos entrelazados y abrazos ensayados pero en realidad es nuestro propio ego lo que alimentamos. Porque detrás de los filtros no pretendemos darnos la mano más de la cuenta, que ya se sabe que luego te agarran todo el brazo y no hay quien se suelte.

Rastreamos Facebook y Pinterest buscando pistas que nos ayuden a acercarnos al otro de forma estúpidamente ‘casual’ en vez de preguntarle directamente por sus aficiones, su día a día o sus frikadas. Eso sería mostrarle demasiado interés así que hacemos como si nada nos importara, que no se nos note, que yo paso de todo y de ti, y soy inmune al amor. Y en el fondo como idiota te mueres por dentro, pero la apatía emocional es lo que se lleva ahora. Y cuanto más frío te muestres, mejor.

Queremos tener a alguien con quien ir al cine cualquier noche y a tomar una cervecita en el bar de abajo los domingos, pero no a alguien que tenga mal despertar los lunes y dolor de cabeza tras una larga jornada los jueves. Queremos un acompañante para bodas, bautizos y demás eventos sociales pero sin planes de futuro, que no estorbe cuando necesitamos nuestro espacio íntimo o incluso salir de fiesta solos, porque seguimos siendo almas libres y alardeamos de soltería mientras en nuestro interior algo llamado corazoncito nos hace reproducir frases de Benedetti escritas en murales callejeros.

Lanzamos ironías y entre risas nos burlamos de las parejas que ya han pasado por el altar sin entender muy bien en qué momento decidieron tirar su loca juventud a la basura, cuando lo que nos gustaría es ser esas raras excepciones que comparten precisamente esa juventud de a dos en vez de ocultarnos tras esta fachada de adolescentes de treintena.

Tratamos de moldear a las personas como si de configuraciones de software se tratara para que encajen en nuestro aquí y ahora impaciente, olvidando que la magia de las relaciones reside precisamente en irse descubriendo poco a poco, adaptando caracteres con humildad y no porsexo_con-robots-relaxiones-sexuales-forex-dinero-pareja-artificial intereses. Y luchando, claro que sí, por sostenernos cuando las cosas se ponen difíciles en vez de borrarnos del mapa con un simple click.

Almacenamos conquistas sin valor y chats subidos de tono. Mandamos fotografías que se autodestruyen a los 10 segundos porque eso es lo que nos dura la emoción. Quedamos en los bares para hablar de nada sin mirarnos a los ojos y después esperamos que suene el pitido de whatsapp por distracción. Nos pasamos horas tecleando pero cuando ya no nos interesa, cuando nos aterra, cuando nos aburre… ¡Pum! Tan sencillo y tan mezquino como dejar en visto la conversación.

Vivimos deprisa con amores de usar y tirar porque no queremos estar ni solos ni acompañados, pero a todos nos gusta gustar. Jugamos con los sentimientos como al Candy Crush y buscamos defectos en el prójimo por pura autodefensa. Confiamos en que a todos nos va a llegar eso que merecemos pero nunca estamos satisfechos con lo que encontramos y nos limitamos a curarnos la soledad de cama en cama llenando ese vacío con una falsa sensación de intimidad. Que no es lo mismo desvestirnos que desnudarnos.

Dejamos pasar los trenes por miedo a arriesgar, aunque sepamos que en ese tren viaja quien más lucha por quedarse en nuestra estación para siempre, sin tácticas oscuras ni dobles sentidos, simplemente por puro amor. Pero estúpidamente le negamos constantemente esa oportunidad, no es momento para la intensidad.

En este mundo tan increíblemente interconectado lo que nos da miedo es precisamente llegar a conectar con alguien tanto como para sentir que empezamos a perder el control de nuestra cómoda y frugal existencia. Queremos vivir enamorados de la vida, de la risa, de los viajes y de los conciertos pero se nos olvida que en el pack de la dicha también se incluye el amor en las lágrimas, las discusiones, las malas caras, los problemas personales, el drama y los bajones.

Qué fácil tenemos ahora las comunicaciones, las relaciones, el conocer gente, el estar en contacto… Hay mil aplicaciones que nos ayudan, bendita tecnología. Pero qué difícil nos lo ponemos cuando se trata de dar el salto al mundo real para ofrecer nuestro tiempo por el simple gusto de disfrutar con alguien, de hablar de lo que nos importa y de emocionarnos de verdad.