La mujer adúltera (3)

7c8ff743780ba9ded956844deeaffb9fAl día siguiente Tina se levanta antes de que suene el despertador, a eso de las 6.30 a.m. Su marido duerme tranquilo de espaldas a ella, roncando acompasado. Sin encender luces, tan sólo con la tenue claridad que empieza a asomar por la ventana, Tina rebusca en la bolsa de deporte que anoche escondió al fondo del armario las bragas y el sujetador de encaje usados y los lleva sigilosa a la lavadora. Por suerte su marido no se encarga de estos menesteres ni se fijará siquiera en el tendedero. O al menos eso cree ella. Puesta en marcha la maquinaria, aprovechando la colada que tenía acumulada de días, el conjuntito se enredará entre la demás ropa borrando cualquier olor a traición. Leer más “La mujer adúltera (3)”

Carta al despreciable Paco Sanz

Te escribo estas líneas aun sabiendo que no las vas a leer, pero es que no tengo otra forma de vomitar todo el asco que siento hacia ti y hacia las personas que te han seguido, incitado o aplaudido en tu maquiavélica mentira. Si te soy sincera hasta hace algún tiempo nunca había escuchado nada acerca de tu existencia, ni de tu enfermedad ni de tu campaña para recaudar fondos que te salvaran la vida, supongo que la juventud me mantiene todavía algo ajena a los trances de la salud. Sin embargo, hace 4 años mi mejor amiga inició un proyecto solidario contra el cáncer. ¿Por qué? Porque su padre falleció en 2011 después de luchar contra la enfermedad, como desgraciadamente ocurre con miles de personas año tras año. Ella decidió que, aprovechando sus conocimientos tanto en el campo de la moda como empresarial, podía ser buena idea diseñar unas pulseras solidarias cuya recaudación sirviera como donación en la lucha contra el cáncer. Se puso manos a la obra con toda la ilusión que este tipo de proyectos genera: por el lado personal como un reto y un gesto altruista, y por el lado social con el aporte de un granito de arena que nunca viene mal.

Sus pulseras se hicieron realidad y comenzó una campaña de promoción visitando los hospitales de Barcelona (que es donde residimos) hasta las redes sociales. Debo decir que en algunas ocasiones su proyecto se vio rechazado simplemente por no llevar un sello famoso detrás, supongo que rinde más una campaña liderada por personalidades que por ciudadanos de a pie, pero ese tema no nos incumbe ahora. En otras ocasiones, sin embargo, consiguió que la escucharan y que su proyecto fuera valorado: SUPPORT Bracelets by Samburu* está presente, por ejemplo, en las actividades que el Hospital Vall d’Hebron organiza contra el cáncer cada año, entre otros eventos.

crimebanqueirosPero qué tiene que ver todo esto contigo, te preguntarás. Pues bien, fue precisamente en su campaña de promoción online cuando a través de Twitter os pusisteis en contacto. Llegasteis incluso a hablar por teléfono, le contaste la rara enfermedad que padecías y que te estaba provocando 2.000 tumores que ponían en serio riesgo tu vida. Le pediste ayuda, colaboración. Ella te dijo que de momento su proyecto estaba empezando y se centraba en la recaudación para asociaciones, puesto que los casos personales iban a ser difíciles de coordinar, pero que haría todo lo que estuviera en su mano por ayudarte. Seguiste en contacto con ella durante bastante tiempo, esperando que dirigiera sus donaciones a tu causa. Recuerdo cuando una tarde me preguntó afectada si conocía a un tal Paco Sanz y le dije que no. Entonces me explicó tu historia y lo conmovida que estaba, definitivamente ella te creía. Y como ella, muchas otras personas que ahora se sienten completamente estafadas y profundamente dolidas, y cabreadas.

Eres un cretino y un sinvergüenza. Cada vez que salen a la luz nuevos datos sobre tu caso me da más coraje pensar en la maldad que tienes y en la frialdad de tu familia que te ha permitido y ayudado a crear este asqueroso entramado de engaños a costa de la enfermedad. Donaciones a través de tu web, galas benéficas en tu honor, un libro publicado, personas anónimas aportando dinero, personalidades públicas dándote difusión y visibilidad. Y tú, riéndote de todos nosotros sin ningún tipo de complejo. Haciendo cortes de mangas ante la cámara antes de grabar los vídeos lacrimógenos; ensayando a las órdenes de tu novia el discurso de la tragedia; jugando con una sonda insertada en la nariz simulando estar encamado y moribundo. Llorando de dolor y suplicando por una esperanza que te aferrara a la vida.

Me repugnas. Me subleva ver cómo se puede llegar a ser tan cínico como para organizar semejante farsa. De momento has sido arrestado por delitos de estafa, blanqueo de capitales y apropiación indebida, pero es que el daño moral que gente como tú provoca en la sociedad es muy difícil de subsanar. Cuántas asociaciones pequeñas necesitan fondos que nos les llegan; cuántas familias con niños padeciendo carecen de recursos y se las ven y se las desean para salir adelante; cuántos se pierden por el camino y cuánto nos queda por investigar.

El dinero nunca sobra, Paco Sanz. Y cuando se trata de la salud, siempre falta más: por parte de los gobiernos, por parte de todos. Pero indeseables como tú empañan todo el trabajo de personas que, como mi amiga, inician un proyecto de ayuda por pura solidaridad. Por empatía, y porque a todos, por desgracia, los problemas de salud en algún momento nos alcanzan. El cáncer se llevó a su padre, y a mi tío aún no hace un año. Hay niños luchando por superar sus batallas con las mejores sonrisas; hay padres derrumbados, familias a las que la enfermedad, la que sea, les hace mucho daño. Y mientras tanto, tú estás pidiendo billetes “de los moraditos” mientras tu madre te palmea la espalda. Claro que sí, con dos cojones.

Pero qué vamos a esperar de alguien como tú, que ni sientes ni padeces. Ojalá la justicia te ponga en tu sitio y pagues lo que tengas que pagar con aquellos a quienes engañaste. De cobrarte lo miserable que eres la vida ya se encargará. De verdad, qué asco me das, Paco Sanz.

 

 

*Adjunto el link de SUPPORT Bracelets by Samburu para que podáis echarle un ojo al proyecto y colaborar con la compra de una pulsera cuya recaudación se destina a la investigación para la lucha contra el cáncer. ¡Entre todos podemos ganarle la batalla!

¿Las amantes también lloran?

Si entre todos los roles que puede desempeñar una mujer destaca uno por mal considerado y tratado es el de su papel como amante. Esa mujer que se mete en medio de dos para destrozar la vida bucólica de una pareja perfecta sin reparos ni remordimientos. Esa mujer fría que calza tacones de aguja y vestidos de cuero, que usa lencería a prueba de bombas y que no tiene pudor ni vergüenza. Esa es la amante, reencarnación de Satanás. Y sin embargo no hace mucho escuché el testimonio de una de ellas y hoy me pregunto si todas esas mujeres que se enredan de esa manera tienen realmente genes luciferinos. Porque sí, haberlas haylas, como las meigas, pero supongo que no todas responden al mito del látigo y el desaire sino más bien al de unas pobres infelices que creen que todo lo que ese hombre les dice y les da es único y exclusivo por y para ellas.

Pero eso no es así, y aunque suene políticamente incorrecto en una sociedad machista donde la mujer es siempre la culpable, ellas también suelen formar parte del engaño.

No es fácil entender qué lleva a un hombre a buscar algo que en teoría ya tiene. Puede que la rutina en pareja lo consuma y necesite un revulsivo; puede que con su mujer no experimente por pudor o respeto más de lo establecido; puede que le urja un aumento de autoestima o reconducir su ego masculino mediante las atenciones de una fémina… Lo de sentirse más “machito”, que diríamos en mi pueblo. Quizá después de tantos años ya no está enamorado pero le atan demasiados vínculos de otra índole mucho más inquebrantable y en vez de romperlos se lanza a la infidelidad. O puede simplemente que sea un cabrón aprovechado.

¿Y ella? ¿Por qué se mete una mujer en semejante terreno pantanoso? ¿Será por curarse el despecho hacia otros? Puede que sea por diversión y sed de tentaciones. Igual es por la adrenalina de lo prohibido, el morbo o la comodidad de unos ratos de pasión sin compromiso. Quizá es necesidad de atenciones, aburrimiento o incapacidad para evitar un nefasto enamoramiento. O simplemente puede que igual que él, ella sea también una cabrona.

PIERNAS BAJO LA MESA

La cuestión es que sean quienes sean esos dos que se juntan, en realidad la sombra de ser tres nunca se extingue a pesar de los juegos, los silencios y las mentiras. Se arriesgan creyendo tenerlo todo bajo control hasta que en un descuido inoportuno la aventura se les va de las manos. Ya dicen por ahí que estas cosas siempre terminan como el rosario de la aurora y que uno, dos y tres terminarán en su soledad llorando. Cruz de navajas por una mujer, que diría Mecano.

Lo más empático en estos casos es ponerse en el lugar de la engañada, la que quién sabe durante cuánto tiempo lleva luciendo invisible su triste cornamenta. Qué terrible situación ser la última en enterarse de los escarceos sexuales de tu compañero de vida. Luego lo tenemos a él, responsable número uno de la tragedia, como perro abatido pidiendo perdón por esos estúpidos ratos de sexo sin más. Qué manera de destrozar su maravillosa y segura vida conyugal… ¿Porque sólo fue sexo, verdad?  Y luego está ella, la hija de Satanás que se metió en una cama ajena sin calibrar daños ni perjuicios, sin ni siquiera pensar. Ah, pero con alguna licencia supongo, porque nadie entra donde no le dejan entrar.

Y tras escuchar ese testimonio de tres, como tantos otros que hay, pienso en la amante, tan altiva ella y tan segura de dominar hasta el más mínimo sentimiento, si es que lo tiene. ¿Lo tiene? He ahí su problema: sentir. Sentir que duele la despedida y los días condenados al silencio; sentir que nunca llegará a formar parte de su bonita vida en familia; sentir que no es ella la que está en los amaneceres; sentir que por la calle se miran como extraños; sentir que nunca tendrá una escapada, un regalo con remite ni una simple película en el cine; sentir que es la mujer oculta, el plan B, la segunda opción. Sentir que ella no se merece los calificativos cariñosos, los “amores”, “cielos”, “cariños” y “vidas”, sino los sexuales y provocativos. Sentir, en definitiva, que ella no es nada en ese triángulo desastroso.

Y sin embargo, es mucho. Es el resorte para hacerlo estallar todo en pedazos. Es la culpable de las noches en vela y la intrusa que todo lo sabe, consciente de la situación o de buena parte de ella. Porque a veces, lo que ella tampoco sabe es que igual que él le regala los oídos y la complace con fervor haciéndola sentir especial, cuando regresa a casa también lo hace así con su mujer. Como Dios manda, como así está establecido, como tiene que ser.

Y mientras siga girando esa ruleta rusa de encuentros furtivos, amores en tercia y despecho mal gestionado, en silencio como siempre, sin derecho a la réplica y con toda la culpa apretada en su regazo, esas amantes que sienten de más seguirán llorando.

 

Mentiras, tralará!

721“Lo relevante en la mentira no es nunca su contenido, sino la intencionalidad del que miente. La mentira no es algo que se oponga a la verdad sino que se sitúa en su finalidad: en el vector que separa lo que alguien dice de lo que piensa en su acción discursiva referida a los otros. Lo decisivo es, por tanto, el perjuicio que ocasiona en el otro, sin el cual no existe la mentira.” Jacques Derrida.

 

Estas palabras del filósofo francés me han hecho reflexionar acerca de algo tan humano como la mentira. ¿Por qué mentimos? ¿Para qué?

Podemos distinguir diferentes tipos de mentiras según la situación y el contexto en el que se den. No es lo mismo mentir piadosamente que mentir con alevosía. No es lo mismo engañar para conseguir un beneficio a costa de los demás, que ocultar la verdad para evitar quizá males mayores. Supongo que eso queda dentro de la propia intimidad del ser humano. Nuestro búnker secreto, el refugio más recóndito de nuestro ser.

Sin embargo, a nadie le gusta que le mientan. Aunque a veces no queramos ver la verdad, siempre es preferible saberla, o por lo menos es preferible que nadie te robe el derecho a conocerla mintiéndote descaradamente. Tú ya decidirás si duele o no, o cómo actuar en adelante, o cómo confiar de nuevo. Pero por favor, nada peor que sentir que te toman el pelo y te tienes que aguantar. ¿Crees que soy tonta? ¿Crees que no me doy cuenta? ¿Crees que porque no monto un circo me lo trago todo? En absoluto, no insultes a mi inteligencia.

Lo peor de una mentira es, retomando a Derrida, la intención con la que se cuenta. Es eso mismo también lo que diferencia las categorías del dolor en el mundo del engaño. ¿Mentir para sobrevivir? ¿Para evitar discutir? A veces es preferible soltar esa mentirijilla rápida para zanjar molestias mayores que no influirán en el otro. Pero ¿y aquellos que viven en una mentira? Aquellos que se pasean entre la doble vida, los que ocultan deliberadamente información capital para el resto, los que de una mentira muchas veces tan absurda construyen una peligrosa bola que termina por asfixiarlos a ellos y a quienes les rodean. Pero ¿merece la pena tanto cuento? Al final todo se sabe, que como dice la sabiduría popular se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

No me gustan las excusas baratas pero las prefiero a las mentiras con ojos lastimeros y labios de miel al oído. No me gusta que me dejen con la palabra en la boca pero a veces lo prefiero a esas respuestas embaucadoras disfrazadas de segura pero falsa sinceridad. No me gusta que me digan que no pero lo prefiero a que se escuden tras las faldas de unos débiles “no puedo” que en realidad esconden tristes “no quiero”. No me gusta que me abracen con argucias que me vuelven condescendiente, porque cuando te enteras de los engaños algo en ti se rompe y es difícil volver atrás.

Puede que esté siendo injusta, yo también miento. Y tú, y ellos, y aquellos. Pero en esto, como en todo, la intención es lo que cuenta. Ya lo dijo Jacques Derrida.