Vámonos

Vamos a escondernos tras la ladera

de aquella montaña de hielo

donde tu calor y mi fe ciega

son de este querer escuderos.

Vámonos a robarle caricias al viento

que las voces del eco nos quiebran

intentando con furia condenarnos

por esta locura de mieles y hiedra.

Vámonos al refugio de nuestras pasiones,

a la oscuridad de aquella noche eterna

cuando pudimos amarnos por horas,

mientras la lluvia ahogaba las penas.

Vamos de nuevo a ese jardín prohibido

donde tú eres solo mío, nunca más de ella,

y donde yo soy para siempre tuya,

envuelta en rosas, perfumes y sedas.

Vámonos a donde no puedan seguirnos los miedos,

las injurias, las mentiras, los celos,

que la culpa siempre se viste de gala

y se adueña de los amores más necios.

Vámonos a la orilla del mar

para que la brisa despeine tu pelo

mientras mis labios buscan tu sal

y las olas nos mecen bajo su seno.

Vámonos a cabalgar de luna en luna

que quiero morir cada noche a tu lado

consumiéndome las ganas y la ternura

en el húmedo placer que sabe a pecado.

Vámonos lejos de aquí, de todo,

que ya no puedo soportar más la carga

de sentirte a escondidas del mundo,

de ocultarte incluso de mi alma.

Vámonos, ¿a qué le temes?

¿No es acaso esta forma de vida,

una triste condena de muerte?

Vámonos, no me atormentes…

Que los años no regalan clemencia

y nuestra juventud de alas doradas

pronto será un recuerdo maltrecho

tejido entre las sienes de plata.

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¿Por qué escribo?

No recuerdo cuándo ni cómo tomé conciencia de lo que significaba para mí escribir. Quizá porque es algo que siempre estuvo ahí, inherente, casi inconsciente en mi manera de ser y sobre todo de pensar. De pequeña no me daba cuenta, supongo que como todos los niños veía normal eso de hacer dictados y redacciones en el colegio porque era lo que tocaba. Sin embargo, entre las quejas de mis compañeras más reacias a ese tipo de tareas yo sentía que aquello de juntar letras me gustaba. No, qué digo, me encantaba. Además, podía pasarme horas y horas leyendo y confabulando en mi imaginación cuentos por aquel entonces de héroes infantiles y alguna princesa no demasiado rosa. Llegando a la adolescencia me di cuenta de que esos relatos de fantasía dejaban paso a otros más crudos, más reales, más íntimos. Garabateé confusiones y deseos, miedos, esperanzas, ilusiones. Emborroné folios por doquier, archivé memorias y daños, me rebelé y me revelé. Y conforme fui creciendo hice de esa necesidad una costumbre, o quizá fuera al revés. Lo que es cierto es que el paso de los años no melló en mi afán, al contrario, lo potenció. Entendí entonces que podré no hacer muchas cosas en esta vida, pero nunca podré dejar de escribir.

¿Por qué? ¿Para qué? Para entender. Para amar y que me amen. Para saber, para conocer. Por miedo. Para sobrevivir. Por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir la propia. Escribo para acallar mis demonios y para darle alas a mi imaginación, para no perder la cabeza, para perderme en otros mundos, para ser libre. Escribo para entender mis emociones, para no sentirme sola, para no dejar escapar un solo instante. Escribo desde las entrañas lo que no puedo hablar, para ponerme orden, para dejarme llevar. Escribo para creer, para luchar, por inconformismo, como una manera de reivindicar, por justicia quizá. Escribo para soñar, para huir de la realidad, para salvaguardarme del qué dirán. Y, sin embargo, escribo desnudándome el alma, a veces atrincherada, otras demasiado expuesta y liberada.

Escribo para calmar el desasosiego, el dolor, el placer. Por temor a muchas cosas, incluidas el amor, el olvido, la pérdida, el fracaso. También escribo para explorar mi delirio, la pasión que vive en mí. Para perderme por los laberintos de la mente e intentar entrar en los de quienes me leen. Escribo para que no se me olviden las cosas, para homenajear el pasado y la memoria, para aprender de los errores, para ponerlos fríamente sobre papel alejándolos así un poco más de mí.

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Escribo por vicio, por afición y por aflicción. Escribo por cabezonería y para empoderarme. Por egoísmo y egocentrismo, puede que incluso por cierta vanidad. Escribo para saber hasta dónde puedo llegar, por exigencia, por perfección, por reconocimiento, por prestigio, por valor. Escribo para estrangular las palabras y los sentimientos, para dejarlos cantar, bailar, posarse sobre mi piel, morar en mi persona. Escribo porque a veces prefiero la coraza del papel con sus infinitas rectificaciones que el suicidio irreverente de unos labios inoportunos. Lo hago en mí y contra mí, como una guerra interna entre intelecto y corazón donde quien manda es puramente la intuición. Escribo para indignarme, para llorar, patalear y luego curarme. Puede que lo haga por timidez y para salvarme. Escribo por impulso, por entretenimiento, porque lo disfruto. Lo hago para seducir y para maldecir, para crear y recrear, para no dejarnos morir.

Escribo porque me encanta viajar a nuevos lugares y descubrir a otras personas que viven situaciones dispares enredados en mis palabras mientras con todo ello me busco a mí misma. Escribo para ponerle nombre a lo que me rehúye, para tomar conciencia de mi realidad y la de otros, para encontrar respuestas a veces a ninguna pregunta. Lo hago para doparme de sensaciones y lo utilizo como antídoto de demasiadas cosas. Escribo para equilibrarme, para estar en paz. Quizá lo hago también por cierta insatisfacción, para llenar vacíos o simplemente porque no tengo alternativa. Sé que no escribo por elección sino que lo hago por pura necesidad, porque no sé vivir de otra manera. Porque fluyen en mí historias, relatos, personajes que me piden escapar y me permiten a su vez vagar por senderos desconocidos. Escribo porque a veces es demasiado potente el estallido de imaginación que corretea por mi mente y de alguna manera me tengo que liberar. Escribo para ser un poco más feliz y porque creo que al final, cuando sólo existe el silencio, el sabor de aquellas palabras que fueron dichas, rasgadas, escritas y amadas, siempre permanecerá.

 

 

Llegan los Premios 20Blogs, ¿me votas?

647152-600-338Hace tres años decidí hacer pública una aventura que formaba parte de mi vida desde que aprendí a juntar letras: la aventura de escribir. Hasta ese momento no me había planteado publicar nada pero la insistencia de quienes conocen mi entusiasmo junto con la facilidad que ofrecen hoy las redes sociales me animó a abrir este Cafetera y Manta que se ha convertido en refugio, desahogo, crítica y emoción a partes iguales. Y ahora ha llegado el momento de intentar darle ese empujón de visibilidad que todos buscamos en este mundo tan difícil como apasionante. Es por ello que, por segundo año consecutivo, me presento a los Premios 20Blogs en su XII Edición. Debo agradecer a todos aquellos que me votaron el año pasado así como al jurado su valoración tan positiva permitiéndome alcanzar, entre miles de bitácoras presentadas, el sexto puesto en mi categoría: blogosfera. Este año vuelvo a participar en la misma categoría con infinitas ganas e ilusión y desde aquí aprovecho para solicitarte de nuevo tu voto.

No te robará demasiado tiempo hacerlo y con ello me puedes ayudar muchísimo así que si te animas y te gusta lo que lees en mi blog clica aquí Premios 20Blogs 2018 para poder votarme hasta el próximo día 10 de abril. 

También te explico detalladamente los pasos que tendrás que seguir por si tienes alguna duda durante el proceso de votación:

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Cuando accedas al enlace Premios 20Blogs 2018 te pedirá que te identifiques como usuario para poder participar en la votación. Para ello, dirígete a la parte superior derecha de la página y verás el icono de un monigote.

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Clica en él y podrás identificarte o recordar tu contraseña en caso de que ya estés dado de alta (por ejemplo, si me votaste el año pasado) o bien podrás registrarte como nuevo usuario introduciendo tus datos. 

Cuando te hayas registrado o identificado como usuario podrás emitir tu voto así: 

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Una vez hayas clicado en “vota a este blog” te confirmará tu voto con un mensaje de “voto recibido” en color verde ¡y ya estará hecho! 🙂

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Por otro lado, también puedes valorar mi blog marcando las estrellitas que consideres oportunas en el apartado “valora el blog” aunque esta acción no computa para la XII Edición de los Premios 20Blogs.

Y finalizada mi particular campaña electoral sólo me queda agradecerte enormemente tu tiempo y espero que sigas disfrutando leyendo mi Cafetera y Manta tanto como yo disfruto escribiéndolo. ¡¡MUCHAS GRACIAS!!

 

Resultados Premios 20Blogs… ¡GRACIAS!

9f10208c24f8b6fb40cef5f6c48f9001_400x400Acaban de publicarse los resultados de la XI Edición de los Premios 20Blogs y no puedo estar más que agradecida y satisfecha. El total de blogs participantes ha sido de 8.305 (¡wow!) divididos en 20 categorías según la temática. Mi categoría, como ya sabéis, es un poco indefinida por aquello de no tener una temática concreta, sino de escribir de todo lo que se me pasa por la cabeza, por el alma y por la vida. Así que incluyeron este Cafetera y Manta en la categoría ‘Blogosfera‘ junto con otros 726 blogs más. ¡Todo un reto!

Es la primera vez que inscribo mi blog en un concurso, y aunque no he ganado el soñado primer premio, ése al Mejor Blog 2016, estoy súper feliz con haber conseguido el sexto puesto en mi categoría. ¡SEXTO DE 727 BLOGS!

RESULTADOS CATEGORÍA BLOGOSFERA DE LA XI EDICIÓN PREMIOS 20BLOGSCaptura_2017-04-07_10_44_30

Así que muchísimas gracias al jurado de La Blogoteca y de esta XI Edición de Premios por haber considerado que debo de estar en la parte alta de la tabla, porque eso me sigue motivando para continuar en esta aventura de las letras, tan difícil como apasionante. De verdad, ¡GRACIAS! No podía esperar quedar en un puesto tan bueno dado el elevadísimo número de participantes y de bitácoras tan geniales.

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Y mil gracias de corazón a todos los que dedicasteis cinco minutos de vuestro tiempo a registraros en la web (con lo complicado que a veces parecía) para ayudarme también con las votaciones para poder posicionarme en buen lugar. Gracias por leerme en vuestros ratos libres, o por buscar un rato libre precisamente para leerme. Gracias por alentarme, por inspirarme. Gracias por todo el apoyo, por estar pendientes de los resultados, por confiar en mi potencial y por hacerme sentir que los días en los que ni me salen las palabras, en los que ni siquera puedo teclear una sola letra, también merecen la pena. Gracias a las libretas en blanco y a esos “nunca dejes de escribir…” que me dan toda la fuerza para seguir.

GRACIAS, ¡INFINITAS GRACIAS!

 

 

Liebster Awards

Esta es una publicación distinta a lo que suelo escribir en el blog, pero hace algunas semanas me nominaron para los Liebster Awards, un premio virtual del mundo bloguero totalmente desconocido para mí hasta ahora, así que siendo galardonada me puse a investigar un poco sobre su historia.

Podríamos decir que los Liebster Awards son el hermano pequeño de los más conocidos Best Blog Awards, un reconocimiento que se viene dando desde el año 2010 a los blogs que los propios blogueros escogen dentro de la comunidad con el fin de incentivarlos para que no dejen de escribir y ayudarlos con ello a ser más visibles.

Al tratarse de un premio de bloggers y para bloggers cuyo objetivo es apoyar la escritura sin ánimo de lucro, su formato de funcionamiento es el de cadena. Esto significa que una vez eres nominado a este galardón debes nominar tú a otros cinco blogs para que de esta manera todos vayamos ganando espacio virtual y visual en la red.

Y como todo premio o concurso los Liebster Awards también tienen sus reglas:

  • Una vez recibes la nominación debes agradecer y seguir a quien te nominó.
  • Debes visitar los blogs de los otros compañeros con los que fuiste nominado.
  • Ahora tienes la potestad para nominar a tus cinco blogs preferidos (en este caso con menos de 200 seguidores).
  • Dentro de cada nominación se tienen que responder las 11 preguntas que te realiza la persona que te nominó, y a su vez tú tendrás que realizar 11 más a tus nominados.
  • Debes mostrar en tu blog el logo de los Liebster Awards para indicar que lo has ganado.

Así pues, con algo de retraso pero con mucho cariño desde aquí quiero agradecer a Zenaida Wheels de La magia sucede afuera por leerme y haberme tenido en cuenta para nominarme en estos premios virtuales. ¡¡Muchas gracias!!

Y ahora me toca contestar las preguntas que me formuló:

¿Qué esperas de tu blog?

La creación de mi blog fue la forma natural de trasladar lo que escribía en libretas desordenadas y privadas al mundo real. No fue sencillo porque hasta ese momento nadie había leído mis sinsentidos pero decidí que si es escribir es lo que más me gusta, alivia y enriquece, de alguna manera tenía que publicar. Lo que espero de este ‘Cafetera y Manta’ es que me siga aportando ratos de intimidad y estabilidad, y que quienes me sigan disfruten leyendo casi tanto como yo escribiendo. Pues como dijo Virginia Woolf, “escribir constituye el placer más profundo; que te lean es sólo un placer superficial”.

¿Por qué lo iniciaste?

Como he dicho, lo inicié porque sentí las ganas de empezar a publicar, quizá como una forma de desahogo personal o incluso de ego, para sentirme capacitada y reconocida en lo que tanto me gusta hacer. Me lo planteé como un reto conmigo misma para no perder el ritmo ni la costumbre, y me he dado cuenta tras un año en este mundillo que los altibajos inspiracionales, las palabras que cuesta plasmar y el tiempo que hay que dedicar son también una parte muy dura pero a la vez gratificante de esta profesión.

¿Cuál es tu mejor momento para escribir?

Antes solía decir que por la noche escribo mejor. Y probablemente cuando se trata de cuestiones más personales la noche sigue siendo la mejor cómplice. Sin embargo he llegado a escribir bocetos interesantes en cafeterías y autobuses, porque a veces sin darme cuenta mientras vivo mentalmente también lo escribo, no lo puedo evitar.

¿Cuál ha sido tu último viaje?

Dejando a un lado las escapadas cortas, mi último gran viaje fue a México. Aunque en realidad eso fue mucho más y mejor que un viaje. México es mi otra vida, una bonita estancia de algo más de un año que significó un grato aprendizaje y mi mejor experiencia.

¿Eres un ser urbano o campestre?

¡Soy un ser playero!

¿Cuál es tu mejor recuerdo de la infancia?

Los veranos todo el día inventando juegos al aire libre respirando sol y mar… Y a los 13, el regalo de mi perro que ya no está. Sin duda, una infancia privilegiada.

Si pudieras elegir, ¿dónde vivirías? Y ¿por qué?

Dicen que el hogar está donde está el corazón. Ahí quiero vivir.

¿A qué le temes?

A la enfermedad, el padecimiento, perder la salud… Verlo de cerca te hace comprender que todo lo demás es secundario.

¿Sabes estar sola?

Creo que he aprendido a llevarme bastante bien conmigo misma…

Los domingos ¿al aire libre o en casa?

Casera en invierno; más callejera en verano 🙂

¿Me cuentas un cuento o un chiste?

Cuando era pequeña mi madre me contaba un cuento inventado acerca de una niña llamada “Pelusita” que por no comer pesaba tan poquito que se la llevaba el viento lejos, lejos, lejos de su familia… Me dejaba con el corazón encogido y la lección aprendida. Mi padre, en cambio, me contaba otro cuento inventado de un tal “Serafín” al que le sucedía cada noche una desgracia nueva. Y yo, en vez de dormir, me alborotaba y me reía.

Ésas son, seguramente, las mejores historietas de mi niñez.

De mayor los cuentos cambian, y quienes te los cuentan ya no son tus padres.

 

Liebster

 

Y AHORA ME TOCA A MÍ…

Mis nominados para estos Liebster Awards son:

La talega de pan: porque me reconforta leer a un hombre que escribe sin miedo y con el alma.

Procesando…: porque me siento profundamente identificada con la autenticidad y su forma de escribir.

Wonky no entiende de horas: porque como ella y como Wonky, también pienso que la inspiración no entiende de horas.

El blog de la Tita Lala: por la cercanía y sinceridad que desprende.

Quiahuitzin: por ser un blog diverso que te permite encontrar otros puntos de vista en arte, cine, viajes, etc.

Y aquí van mis 11 preguntas:

¿Qué significa para ti escribir?

¿Qué te inspira más, la alegría o la tristeza?

¿Qué te gustaría ser/dedicarte?

¿Una locura de amor?

¿Tu primer recuerdo vital?

¿Qué haces para desconectar?

Un viaje que quieras hacer y por qué.

¿Lo primero que miras en una persona?

Tu mayor defecto, tu mejor virtud.

¿Tu libro preferido? Si es que puedes escoger uno 🙂

¿Crees en el destino?

 

¡Un abrazo a todos!

 

 

 

 

 

 

Palabras, vocación o devoción.

Teclado de ordenador, bloc de notas, idea

No hace mucho alguien me preguntó si mi vocación desde pequeña siempre fue ser periodista y no supe qué decir. ¿Vocación? ¿Periodista? No lo sé.

Días después, dejándome maquillar y peinar por mis dos sobrinas de siete años, entre juegos, sombras y labiales me preguntaron qué quería ser yo de mayor, como si todavía fuera como ellas. Las miré unos segundos en silencio y les dije que de mayor quería ser feliz. No entendieron la respuesta, imagino que esperaban que les dijera médico o bailarina o quién sabe qué. Tampoco les dije que ya era mayor y que era periodista porque me cuesta creer que soy realmente eso que el Rey emérito rubricó en un título universitario hace ya algún tiempo, si de todas formas no me pagan por ello… Entonces, ¿qué soy?

Durante años esa pregunta profesional me tuvo en vilo, sintiéndome en esa especie de limbo por haber estudiado algo a lo que después no me he dedicado más que a trompicones, por azares del destino o caprichos de la vida. Hasta que entendí que ese calificativo que pesaba sobre mí no era más que una etiqueta del currículum vitae que en lo personal no suele definirte. Supongo que por eso les contesté a mis niñas que yo de mayor quería ser feliz, porque al fin y al cabo es la tarea más dura y a la vez satisfactoria por la que debemos trabajar.

Pero ellas siguieron debatiendo sus sueños sobre qué ser en su futuro ignorando lo intangible de mi respuesta. Hablaban de profesoras o peluqueras y sonreí al recordar que yo también quería ser esas cosas, o por lo menos eso decía. Porque en el fondo yo sentía que quería ser escritora pero declarar a los 7 años que me gustaba leer y escribir cuando apenas comenzaba a juntar letras era algo cuanto menos raro y aburrido, ¿no? Entonces yo también quise ser peluquera.

A quien me preguntó por mi vocación le dije que de pequeña no jugaba a inventar radios o a ponerme delante de la cámara como sí decían que hacían algunos compañeros de universidad, quizá más vocacionales del medio que yo. A mí me gustaba más imaginar que era la protagonista de esas aventuras de los cómics y libros que devoraba, y descubrí que ahí, en ese rinconcito de mi mente, era completamente libre para ser y no ser a mi antojo. Porque yo no jugaba a ser periodista de micrófono y TV pero quizá ya apuntaba maneras con lápiz y papel.

Conforme pasaron los años me fui refugiando más en las letras hasta que a los 16 decidí que de entre todas las carreras posibles el periodismo era lo que más encajaba con mis inquietudes, tanto sociales como personales. Y así, con el viento en contra por no haber elegido Económicas o Derecho pensando mejor en mi futuro laboral, me fui románticamente a la universidad.

Salí con un título, nuevas filias y gratas experiencias. También algunas dudas pero ¿quién no las tiene cuando se trata de avanzar? Lo que nunca flaqueó fueron mis ganas de escribir. Porque en realidad no son ganas, sino necesidad. O como diría Paul Auster, “un acto de supervivencia”. Porque no puedo vivir sin escribir, lo cual a veces es un problema ya que como una droga necesito el desahogo que me dan las letras cuando salen con rabia, miedo o pasión. Cuando se me atragantan las palabras en un nudo y no me dejan respirar hasta que las vomito buscando un consuelo en papel. Así es cuando me siento más libre y seguramente también más feliz.

Durante mucho tiempo nunca publiqué nada y guardo hojas y hojas de garabatos y tachones de momentos pasados, de amores perdidos o de sueños robados. Inocentes, ingenuos, huidizos. Aquellos tiempos de dudas y confusión, de primeras veces de todo, de refugio literario, de introspección. A quién le iba a interesar todo eso si era lo más íntimo que poseía entre mis manos… Mi búnker de letras secreto. Todavía hoy, a pesar de llevar un año jugando al desnudo con este Cafetera y Manta público, guardo algunas letras sólo para mí, o como mucho para dos. Permítanme que aún custodie los vicios y las vísceras en un cajón.

No sé cuál es mi vocación ni si la tengo. Y no sé qué voy a ser de mayor, parafraseando a mis sobrinas. La vida me demuestra cada día lo cambiante y sorprendente que puede llegar a ser, aunque a veces nos sintamos tan desesperadamente inmóviles. Lo único que tengo claro es que escribir forma parte de mí desde que tengo uso de razón, igual que mi risa, mis lunares o mi mal despertar.

De pequeña me pasaba los días leyendo e imaginando… Hoy plasmo mis miedos, sueños y anhelos en papel. Puede que siga siendo esa niña, puede que no haya cambiado tanto.