Ser, estar, ¿pertenecer?

La RAE, entre otras acepciones más posesivas, define “pertenecer” como “formar parte de algo o alguien”. Sentirse integrado, ubicado, consolidado, quizá respaldado. Ser del grupo, estar en él, pertenecer a él. ¿Es todo lo mismo?

Tengo la sensación de que no siempre es fácil sentir que perteneces al lugar en el que estás, que eres quien crees que eres, o que estás realmente donde perteneces, en cualquier ámbito de nuestra vida. Familia, amigos, trabajo, pareja… Una a veces se siente extraña.

En medio de esa comida familiar de repente una punzada que no identificas, que probablemente nunca has sentido o si lo has hecho no eras totalmente consciente, se te clava en algún lugar entre el intelecto y el corazón, por ahí a medio camino entre el querer y el poder. Sientes que no estás viviendo plenamente ese momento, que las risas suenan lejanas, que los rostros familiarEncajar_3es no se parecen ya tanto a ti, que tú misma eres otra. Distinta a la de hace años, a la de hace días. Pero esa punzada que dura apenas unos segundos se va diluyendo a la vez que todo se colorea de nuevo, y te alivias.

Hasta que llega la segunda punzada después de comer en la oficina, con el teléfono en calma y los asuntos resueltos. Vuelves a sentir ese desconcierto y lo atribuyes a la ambición de querer más, de saber que puedes darlo, quizá en otro tiempo o en otro lugar, más adelante pero con la certeza de que llegarás. Lo sabes, lo crees, lo esperas pero no lo tienes. Y esa tarde tratas de hacer callar la impaciencia de tu punzada con palabras de aliento, de consuelo, de esperanza. Y te vuelves a aliviar, o a conformar.

Pero una noche cualquiera se te atraviesa con más fuerza al darte cuenta de que quien comparte esa intimidad junto a ti ya no está. O crees que no está. O quizá tú no estás. Sientes que las caricias se reducen nada más a la piel y que los besos que por horas le darías nunca serán del todo suyos ni tuyos. Y en ese momento, cuando te das cuenta de esa extraña sensación de ser y estar, el sentido de pertenencia se empieza a desvanecer.

Y te preguntas si quieres ser ella, la mujer en la que te estás convirtiendo. Y crees que sí pero hay mil errores por el camino, y no sabes hasta cuándo los arrastrarás, ni siquiera si estás acertando ahora o la vas a cagar. Si decir hola o adiós puede cambiar algo, si hay que dejar la puerta entreabierta o dar ese portazo sin más. Si estás aquí porque quieres o porque no te queda de otra. Si todo tiene su tiempo, espacio y lugar. Si perteneces a una familia de locos tan cuerdos y de corduras de atar porque son los que mejor te van a enseñar. Si eres de quien te roba sueños y besos por igual, y si quieres estar ahí en medio de tanto huracán. Te sigues preguntando a las 7 de la mañana si tu día a día te compensa o es un medio para un fin. ¿Te llena? ¿Y qué fin? Sientes que no perteneces ni te pertenece lo que tienes, lo que haces, a quien quieres y sin embargo ahí estás. Porque quizá es lo que tiene que ser, y así, girando la rueda, te vuelves a conformar.

Hasta la próxima punzada. Aquella que diga ya no más.