¿De qué otra forma podría quererte?

Te quiero con urgencia, como si el tiempo nos acechara siempre tras las cortinas y el cronómetro marcara el ritmo de nuestras pulsaciones.

Te quiero con impotencia, como si no pudiera controlar el escalofrío que me recorre al verte, el hoyuelo pícaro que me delata, el calor que sacude mis mejillas de repente.

Te quiero con desesperación, como si una parte de mí se vaciara cada vez que llegas y te vas, que no respondes o que desapareces.

Te quiero con ansia, como si estuvieras prohibido y junto a ti se rompieran todas las reglas y leyes.

Te quiero con nostalgia, como si en mi fuero interno batallara con el adiós constantemente.

black-and-white_love (14)

Te quiero con egoísmo, como si otros besos pudieran prenderte, como si mi boca y mis manos nunca fueran suficiente.

Te quiero con temor, como si me desnudaras en un abismo de emociones cayendo al vacío sin redes.

Te quiero con impaciencia, como si la vida nos apremiara sabiendo que cuando jugamos con fuego tú nunca te detienes.

Te quiero con cautela, como si me perdiera en la duda y el miedo cada vez que pido un paso más y tú, sigiloso, retrocedes.

Y después de todo, te quiero con locura, si no ¿de qué otra forma podría quererte?

 

 

La otra

Hola, me llamo Lucía y durante un tiempo fui la otra.

Seguro que me imaginas como una mujer frívola, ligera y maquiavélica. Una mala persona, una puta, una lagarta, una cualquiera. La típica que se mete en una pareja para destrozarlo todo, no sé, por deporte quizá. Bueno, no te culpo, las telenovelas nos han hecho a todos mucho daño. Pero no, yo no soy así.

Te sorprendería saber que soy una chica bastante normal, digo, ni una belleza exótica ni un cardo borriquero. No me quejo, me gusto y sí, algo debo de tener… Pero a lo que voy es que no soy el estereotipo de minifalda, escote de vértigo y tacones de aguja, ya te lo he dicho, no soy eso que llaman una buscona ni una mala pécora de manual. Simplemente salí con alguien que a su vez salía con otra persona.

Ahora estarás pensando de todo, no te juzgo, ¿cómo hacerlo? Pero tú sí me estás juzgando a mí, confiésalo. No importa, lo asumo, pero no perderé mi tiempo en excusas ni en intentarte convencer de algo que sé que si no vives no podrás entender. Si estoy contándote esto es precisamente para que no caigas en mi mismo error. No te involucres con nadie que no te muestre su documento nacional de libertad previamente. De verdad, no. Puede parecerte obvio y te preguntarás por qué yo sí lo hice, si está tan claro que de aquí nada bueno puede salir. Pues no lo sé, llámalo pasión, necesidad, ilusión, obsesión… Lo que quiero tratar de explicarte es que estas cosas pasan y a veces cuando menos te lo esperas aunque creas que algo así nunca te podría ocurrir. Tú, toda decente, cabal y consecuente, ¿como gata en celo por los rincones maullándole a un gato que no te pertenece pero que te busca, que te tienta, que te tiene?

No, olvídalo, sal de ahí. Si ya te metiste de lleno va a ser un poquito más complicado el asunto, te lo digo por experiencia; pero si por una extraña razón estás sopesando la idea descabellada de malgastar tu tiempo con alguien que ya tiene con quien disfrutarlo hazme caso y mira para otro lado. Porque lo que viene después de la adrenalina es un inmenso dolor. Cuando tu placer con él se termina porque el cronómetro llegó a cero te vistes y te vas a casa con una sensación de tristeza profunda, de rabia y de celos que poco a poco deja de compensar el maravilloso orgasmo que tuviste hace tan solo media hora. Cuando lo imaginas viendo series con otra, durmiendo con otra, yendo al cine con otra, desayunando con otra, cenando con la familia de otra, pasando las navidades con otra, los cumpleaños, los viajes… Todo, al final, con otra, te ríes enfurecida porque el maldito calificativo de la tercera en discordia es para ti cuando en realidad para ti “la otra” es ella.

manos-cinco

A la larga tú vas a querer eso que él no te va a dar, querrás un proyecto de vida común, querrás ser algo más. Pero créeme que si él no rompe con todo al principio el tiempo no jugará nunca a tu favor. La rutina de veros a escondidas se hace más fuerte, la logística se controla mejor, todo se profesionaliza tanto que qué necesidad tiene él de dejar una vida de comodidades y conservadurismo por ti, una loca que lo encandila un par de horas de vez en cuando. A él ya le funciona tenerte bajo sus sábanas de fantasía en fantasía, después dormirá abrazado a otra y tú lo harás sola abrazada a tus lágrimas preguntándote por qué no eres suficiente para él, ¿qué te falta? Ahí viene la decepción, el inconformismo, los juramentos poniendo a Dios por testigo de que nunca jamás volverás a caer. Pero ahí vas, tres mensajes después sonriente y feliz porque te quiere, porque le encantas, porque hoy lo vas a ver.

Y vuelta a empezar la rueda, y así pasan los días, los meses, los años. Y ¿sabes? En realidad lo único que pasa es tu vida en la sombra, apagándote por alguien que no te lucha si no es en la cama. Yo lo sé bien, por eso te lo digo. Aquí tienes a esa “otra” de carne y hueso llena de sentimientos llorando como no tienes una idea por alguien que mientras tanto estaba tranquilamente tomándose un café lleno de planes con su pareja. Yo he llegado a sentir el pecho arder al verlos pasar juntos a lo lejos. Se me ha anudado el estómago escuchando sus conversaciones, sus “vidas”, sus “amores”, sus “cariños”. Me han temblado las piernas al ver una llamada entrante y tener que quedarme callada, rígida, inmóvil, para no ser descubierta. Como una maldita delincuente.

No te niego que tiene su punto divertido el tema de lo prohibido siempre y cuando puedas gestionar las emociones, siempre que eso que estás haciendo no conviva contigo las 24 horas del día, siempre que esa situación te deje vivir. Pero ¡ay amiga! si metes el corazón por medio ya se fastidió. Porque a un corazón cómo le dices que deje de latir por ese hombre que con un simple beso te calla, te llena, te ama. Es muy difícil pero del amor, como de las drogas, también se sale. Y de una relación de tres, donde tú eres la que lleva todas las de perder, salir es la única solución.

Sé que las que hemos sido “otras” estamos muy mal vistas porque la víctima siempre es la pobre engañada por un hombre infiel al que pocas veces se le responsabiliza. Las mujeres hasta para eso somos machistas, le echamos la culpa a la que entra sin darnos cuenta de que alguien la ha dejado entrar, incluso a veces, la han invitado a ello con alfombra roja y rosas por doquier. Sin embargo, las engañadas al final somos las dos. Las promesas, las mentiras, las excusas… Yo también las viví. Y lo peor de todo, lo que nos hace estallar en la furia es saber que no somos únicas, ni sus preferidas, ni sus amores, ni sus mujeres. Sólo somos las que tenemos que pedir cita o turno, las que nos llevamos las cancelaciones de última hora, las que hacemos de tripas corazón en público, las que batallamos con la soledad. A veces, lo confieso, hubiera preferido la felicidad de aquella pobre ignorante a mi desdicha por compartir a intervalos a ese hombre que llegó tarde a mi vida.

 

 

 

Nuestro juego de dados

Te quiero de tal manera que jamás pretenderé cambiar lo que sientes por mí aunque esa rara generosidad no me salve de nada, más bien me ahogue. Pero aprendí hace tanto a maquillar las emociones que no me tiembla el pulso al aceptar que tú ya no serás. Es cierto, claro que quisiera que todavía me amaras como una vez creí que lo hacías, vagos sueños de héroes y princesas. Pero ya no comulgo con aquello que un día me bastó y ni tan siquiera me siento orgullosa de tal credo. Patrañas. Pero es que ahí estabas tú, con tu sonrisa perfecta y ese ademán galante que inventé para ti. Y ahí estaba yo, un alma partida y necesitada. El juego perfecto para los dos.

Maldita sea, cuánto te amé. Y debo admitir que quizá a veces en mi memoria cristalina todavía te siga queriendo aunque me empeñe en camuflar con olvido e indiferencia tu recuerdo, aunque el enojo me acobarde y la culpa me comprima por una pasión que nunca fue mucho más que eso, pero tampoco menos. Te disfrazo de todo, de nada, de qué sé yo. Y te oculto en el silencio tonta e irremediablemente porque tengo miedo a perderte, a que dejes de estar incluso en esa trinchera de mi corazón que soportó más guerras que paces, pero que aún y así ondea tu nombre con honores. Qué le vamos a hacer…

593113-blowing-dice1Otras veces, sin embargo, pienso que todo este remolino de sentimientos es una ingrata confusión y que en realidad yo ya no te quiero a ti sino solo a mí. Sí, puede que todo esto solo sea el resultado de cuánto me quise siendo quien era contigo, gustándome de aquella manera tan determinada, tan capaz, tan apasionada a tu lado. Y quizá de ti ya solo queda esa excentricidad que corre por el imaginario y que me hizo enamorarme de quien creí que eras, del hombre que pensé que podrías llegar a ser, del perfecto extraño que acomodé virtuosamente para encajarlo conmigo.

Es tan caprichoso el amor y tan extraño el olvido que una nunca sabe si el azar de los encuentros favorece o castiga, si la resignación es defensa o ataque, si la frialdad es simple estrategia o si el calor de nuestros cuerpos aproximándose todavía resulta palpable. Mágico destino que nos rompe y nos corrompe con sus idas y venidas, que nos quita el aire, que nos devuelve poco a poco la fantasía de quien busca cenizas donde antes ardió el fuego y la vida. Y así, felizmente incompletos y resignados vamos ahora cada uno por nuestro lado provocando nuevos temblores, caóticos y peligrosos, apostándonos vertiginosamente algo parecido al amor jugando a los dados.

 

 

Entre tú y yo

Entre el embrujo y el miedo,

la prisa y el ansia,

nace un amor prohibido y ajeno,

fiero temblor que sacude la calma.

 

Entre la paz y el arrullo

del abrazo y la nana,

gravitan con celo y deseo

mil caricias por la espalda.

images

 

Entre las luces y sombras

del olvido y la rabia,

en una trinchera de besos

dos cuerpos se mecen al alba.

 

Entre el pecado y el sueño,

el ardor y la magia,

mi sed y tu anhelo

cabalgan cinturas perladas.

 

Entre el azar y el destino

del adiós y la falta,

arrasa con fuerza el camino

esta pasión desbocada.

 

Entre el quiero y no puedo,

el temor y las ganas,

pierdo la fe si te espero,

estrella fugaz que se apaga.

 

Entre el amor y la guerra,

la risa y la lágrima,

la fuerza del ego,

tu cielo y mi alma.

 

Vamos, ven

Dame tu mano y vamos a bailarle a la vida todo lo que ella nos prohíba. Vamos a buscarnos por los rincones como gatos en celo, vamos a mantenernos leales como perros. Vamos a ser un par de tontos, cursis y locos. Vamos a despojarnos de la ropa y vamos a curarnos todas esas heridas que a nadie antes le dejamos ver. Ven conmigo, que ya casi va a amanecer.

Mírame a los ojos y cuéntame tu vida, a retales y a tu ritmo. Que no quede un secreto por conocer pero que tengamos siempre miles de palabras por descubrir. Vamos a perdernos por el mundo, sin rumbo. Huyamos como vagabundos sintiéndonos reyes del universo. Seamos cómplices en la risa, amparo en las lágrimas, fuerza en cada caída. Vamos a ser esas dos almas libres que sin necesidad de nada se lo regalan todo. Ven, vente conmigo antes de que se esconda este último rayo del atardecer.

manos_1

Bésame ahora, que el tiempo apremia, que la duda avanza, que el deseo quema. Vamos a contarnos los lunares y los sueños, vamos a despojarnos de esos estúpidos miedos. Camina a mi lado, plantemos juntos una semilla de amor y futuro, de fe. Vamos a aprender el uno del otro, a respetarnos, a elegirnos a diario. Vamos a confesarnos los pecados, a cometer tantos otros y a dejarnos vencer.

Ven conmigo, si te atreves, antes de que me pierda en el caos del anochecer.

Vamos, ven.

 

Retales

Tumbada en la cama no sabe cómo acomodarse esta noche, hace demasiado calor. Ni una ligera brisa se cuela por las rendijas de las persianas. Nada. Boca arriba, boca abajo, de lado. Dando mil vueltas sin encontrar la postura que le permita conciliar el sueño, alcanzar la paz.

Hace apenas unas horas ese desasosiego era pura pasión y ese sudor, calentura. Una vez más sumida en el torbellino de las emociones, del sexo, de la adrenalina, del egoísmo y del temor. Pero cómo decirle que no a quien la llena de tanto, aunque luego ese torrente de todo se convierta en un amargo y doloroso vacío. Cómo resistir el envite del placer surcando su piel, de las caricias que le erizan el vello y que hacen temblar los rincones más dormidos de su ser. Cómo negarse a querer sentirse irremediablemente esa mujer.

8-Yaces-sobre-la-cama-Mujer sensual-Desnuda-Erótica-Optimizada-Relatos-EspejoUna mujer poderosa que lo mira a los ojos mientras toma el control bajo sus caderas. Ambiciosa, sabiéndose deseada, buscando mucho más. Seductora, sin complejos, jugando al mismo tiempo a ser niña consentida y femme fatale. Dominante y dominada, fuerte y tan frágil a la vez. Entendiendo que los tiempos tienen límite, que en los juegos también se pierde, que el fuego hasta que no mata igualmente hiere. Pero a ella, sumida en el caos del deseo, poco le importa. Prefiere no pensar en los daños, ni en los riesgos, ni en las mentiras ni en el qué dirán.

Porque cuando el brillo en las pupilas da paso a un roce que suavemente se intensifica, cuando las yemas de los dedos aprietan entre las piernas, cuando los labios trazan caminos surcando el cuello, cuando la columna se arquea y los latidos se aceleran por momentos… De ahí ya no se puede escapar. La razón pasa a ser instinto y el amor una mera ilusión. Cae de pleno en las garras de un hombre que la quiere, es cierto, quizá a veces incluso la ama, pero cómo saberlo. En esos momentos sólo se dejan llevar por la furia y el desenfreno, por el exceso de atrevimiento. Juegan, prueban, tientan y se provocan a partes iguales. Ahora tú, ahora yo, relevando las ganas, explotando el deseo.

Qué calor esta noche. Se levanta para abrir de par en par las ventanas buscando alivio, se le está asfixiando hasta el alma. Ahora que el compás de sus cuerpos ha terminado y sólo el olor impregnado en su piel es testigo de esta locura reaparece el vaivén emocional. El insomnio, la tristeza, el abismo y la incerteza. Ese baile de cadenas que la atan y desatan a un imposible increíblemente tan tangible es demasiado cruel cuando tras poseerlo azota de nuevo la soledad. Acariciar con los dedos su espalda a la par que el cielo, creer que lo efímero de sus ratos a solas un día podrá ser eterno… Y caer de bruces otra vez al verlo marchar.

Le quema en las entrañas una pasión maltrecha mientras anhela ser protagonista de la historia que, bien lo sabe, nunca vivirá. Riegan sus mejillas un par de lágrimas cargadas de celos y rabia mientras por fin una bocanada de aire fresco la ayuda a recomponerse, a respirar. La libertad implica un peaje muy caro que quizá ninguno de los dos está dispuesto a pagar y al final lo que comparten son sólo los retales de una vida hecha jirones que a besos, feroces y desconsolados, tratan de remendar.