Déjame.

Déjame. Deja que lo haga. Deja que lo capte y después me lo cuentas. Deja que te tome una foto, o dos, o tres, o miles. Déjame disfrutar de tus montañas y del mar de mi playa. Deja que viaje con la mente cuando ya no pueda viajar. Déjame siempre volar.

Déjame. Deja que lo viva. Deja de hablar por un instante y mírame, piénsame, deséame. Deja que te retenga. Déjame descubrirlo. Descubrirte. Deja que te pregunte. Y déjame en mis silencios.

Déjame. Deja que juguemos. Deja que bailemos, déjame tropezar. Deja que me ría. Déjame en mis lágrimas. Deja que paguemos las dudas con besos. Deja que acordemos nuevas madrugadas. Deja que te borde la piel, déjame bien cosida el alma.

Déjame. Deja que te busque, déjame encontrarte. Deja que me aleje, que me pierda, que me olvide. Y luego déjame recuperarte. Deja que me vuelva loca, y déjame volverte loco. Deja que me queme. Deja que te sienta. Deja que lo haga. Déjame…

Déjame volver…

Nunca dejes de dejarme.