El abismo más bello

¿Dónde está tu arrebato? Quiero que flotes. Quiero verte cantar con furia y bailar como posesa. Verte feliz hasta el delirio o dispuesta a serlo. Ya sé que suena un poco cursi. Pero el amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. Pierde la cabeza, encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Olvida el intelecto y escucha a tu corazón. Porque lo cierto, hija, es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… en fin, es como no haber vivido. (Fragmento de la película ¿Conoces a Joe Black?)

Esta es, probablemente, una de las mejores definiciones de amor que conozco y comparto, y uno de los muchos motivos por los que no me canso de ver esta película de principio a fin (vale, confieso que Brad Pitt también influye… ¡mmm!). La trama se teje a través de un camino sentimental y reflexivo ante la inminente muerte (ok, muy edulcorada), repleto de afectos y certezas, capaz de ponerte contra las cuerdas de tus propias emociones (ya, estoy sensible) recordándote, además, cuán corta es la vida y qué importante es el amor en ella.

Tomar todo lo que quieres porque te apetece, eso no es amor, es un capricho vano que por el momento pretendes concederte. Pero falta lo primordial: confianza, responsabilidad, sopesar tus opciones y sentimientos, vivir el resto de tu vida en consonancia con ellos y, sobre todo, no hacer daño a la persona amada.

A veces creemos que nos enamoramos y en realidad solo estamos encandilados por lo nuevo, deslumbrados quizá por una pasión desconocida. Y sí, es una sensación bonita, loca, frenética, que debemos disfrutar. Sin embargo, si debajo de todo ese destello cegador no crece nada más, algo así no se sostendrá demasiado en el tiempo, apenas unos meses. Por eso dicen que, si sobrepasas la dulce y atrevida barrera inicial y te sigue gustando, atrayendo, interesando alguien, lo que te une ya no es el capricho de la diversión, sino la magia del amor.

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Y lo sabrás cuando al despojar a una persona de todos sus logros, pertenencias o éxitos, la sigas eligiendo por lo que es sin sus adornos. Porque es amor compartir tus sueños sin temor, por muy increíbles que sean, y velar también por los suyos. Es amor siempre que prevalece el interés por encima del tiempo. Es amor si no huyes ante el primer revés ni le cierras la puerta a las dificultades, sino que las afrontas en equipo, sumando esfuerzos. Hay amor donde existe la suficiente libertad y confianza entre ambos como para no tener que poner excusas, y mucho menos recurrir a las mentiras. Es amor la consideración hacia la propia disponibilidad, el silencio, los espacios íntimos, la privacidad.

También es amor el delirio, la pasión, la atracción, los nervios que brotan cosquillas, el brillo en la mirada, el calor que te inunda ese desasosiego provocador, el olor de la piel desnuda… Y la tranquilidad de seguir siendo cómplices tras esos momentos. Es amor la paz que proviene de una mente callada, ausente de dudas. La fidelidad en el abrazo, un gesto sincero. Es amor una promesa cumplida, un detalle espontáneo, un pacto consecuente de lealtad y compromiso. Lo son todas esas metas comunes aun partiendo de cero, sin nada más que la perspectiva de un futuro incierto pero juntos.

Es amor la elección de quien te hace feliz sobre el resto, a pesar de las dificultades, de los sinsabores, de las opiniones, del qué dirán entrometido que a veces pueda conllevar. Arriesgarse, apostarlo todo a una carta cuando quieres a alguien también es una forma de amar. Es amor la oposición que permite el crecimiento desde el respeto y la comunicación. Las diferencias no son malas mientras sirvan para ampliar puntos de vista y alcanzar mejores horizontes. Amar es ayudarse y sentir ese apoyo sin necesidad de pedirlo. Apretar una mano, enjugar una lágrima, robar un beso. Conquistar cada día, escoger cada día, luchar cada día, querer cada día. Reconciliar, reconducir, recuperar.

Todo eso es amor.

Parece un gran misterio, un tremendo rompecabezas o un desafío demasiado complejo, pero el secreto no es otro que estar dispuesto a saltar al vacío por y con quien también quiera saltarlo contigo, sabiendo que juntos se puede volar. Sí, al principio quizá te desbarate los planes y te complique la existencia, pero ¿acaso hay una forma más bonita de hacerlo? Porque lo cierto es que, sin darte cuenta, saltar al abismo se te hará inevitable cuando de verdad te hayas enamorado.

Canción de ámbar

Llegas con ese aire pillo que me desbarata,

y pienso en todos aquellos que hablaron de catástrofes,

tsunamis, finales de un mundo errante,

y no, no era todo eso lo que venía,

eras tú.

Me besas rápido primero,

para que te ruegue más,

y me torturas con un juego de guiños y esperas,

de dulces palabras.

Y te veo ante mí,

y ya no hay nadie alrededor,

solos tú y yo,

el amor y nuestras ganas.

Un beso, y otro, tan lento como suave,

se desliza por mi cuello,

recorriéndome la espalda,

en busca de ese abismo trémulo

que habita al final de mis nalgas.

El escalofrío responde que sí

y la respiración entrecortada

se acelera con los latidos

que provocas bajo mi falda.

Sientes el hormigueo que me eleva

y te busco la boca desesperada,

mientras bailamos juntos nuestra mejor canción,

haciendo cómplice a la madrugada.

Contamos lunares a la par que minutos,

temiendo el final de la noche,

ese intruso en forma de adiós

que no da treguas sino reproches.

Me gusta tanto este día…

Pero me aterra también el mañana,

si la ausencia, el vacío, el silencio,

se adueñaran de nuestra calma.

La cordura me pide prudencia,

calla, no digas nada,

pero la mentira no encuentra refugio

en el ámbar de tu mirada.

Por ti daría otra vuelta al mundo,

al fin lo digo como lo siento,

llévame a donde vayas. 

Y tú sonríes nervioso,

y yo me muerdo el labio,

disimulada,

qué loca ¿verdad?

Siempre tan impulsiva, tan arriesgada…

Pero lo cierto es que la piel se te eriza al rozarme

y suspiran alerta tus pensamientos,

y ya no sé si es porque no me crees

o porque te asusta estar tan de acuerdo.

Entonces llega el momento

y comienza la cruda batalla

en tu mente misteriosa,

tremenda encrucijada

entre la inercia ya hueca del deber

y la felicidad que de nosotros emana.

Porque es inútil que niegues

lo que tus ojos delatan

cuando a solas, sin miedo,

sin nada,

sigo siendo yo quien habita tu alma.

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