Ahora que no estás

Ahora que se adueña de ti el silencio, me invade el temor de que no vuelvas, de que no estés, de que no me quieras como yo te quiero. Ahora que la soledad abruma mis días me asusta esto que estoy sintiendo, tan potente, tan idiota, tan intenso.

Ahora que ya no suena el teléfono, que las tardes se desvanecen entre la espera y los recuerdos, y las noches se agitan temblorosas cubiertas de hielo. Ahora que el frío asoma tímido tras los cristales y del alma brotan palabras quebradas que guardo por miedo.

Ahora te echo de menos.

Ahora que la inercia de los años nos ha traído de nuevo hasta aquí, callados, perdidos, tan lejos. Ahora que me inundan las lágrimas acumuladas y palpo el orgullo vencido a mis pies, las mentiras atropelladas me escupen con descaro, y las verdades descubren lo que nunca quise creer.

Ahora que me basta un guiño cómplice, un gesto amable, para sentir que nada ha cambiado, aunque eso sea al final lo que siempre te ruego: un cambio. Ahora que la vida me abofetea insoportable la calma, y el ansia de libertad acarrea el sabor amargo de la derrota.

Ahora te echo de menos.

Ahora que el reloj ya no marca ni siquiera reproches, que los labios se borran de esta piel reseca por el olvido, huérfana de ti, y me invitan despechados y curiosos a seguir otros caminos.

Ahora que el futuro no pronuncia más tu nombre y el pasado no quiere recordarte tampoco el mío, ahora que las locuras duermen enredadas en los cajones, y el torrente de emociones por tu ausencia me aboca al desespero.

Ahora te echo de menos.

Ahora que nuestro universo de colorines solo pinta blancos y negros, que los atardeceres rosados no nos buscan insolentes tomados de la mano, ni los bares son testigo de aquellas caricias furtivas y de aquellos besos tan tiernos.

Ahora que no estás a mi lado me pregunto si alguna vez lo estuviste. Y me pierdo confusa entre la bruma del dolor y del deseo, del rencor, del amor, de los celos. Invoco a diario el valor que nos falta para vivir como queremos, y espero paciente el momento de mi partida, o de tu regreso.

Porque ahora que no te encuentro, que te has ido, que ya no te tengo…

Ahora es cuando más te echo de menos.

 

 

Papel en blanco.

 

Miedo-a-escribir

Días y días enfrentándome a una página en blanco sin saber ni cómo empezar, temerosa de escribir, vaga hasta para inspirar. Preguntándome por qué ahora no me salen las palabras si tengo tantas emociones golpeándome la vida. Por qué, si necesito una confesión escrita, se me agarrotan los dedos y me da pánico ver que no puedo hilvanar ni dos frases seguidas.

¿Por qué?

Hablan por ahí de varios tipos de síndromes relacionados con esta patología que parece que de un tiempo a esta parte sufro. Que si el miedo a quedarse en blanco, que si el bloqueo del escritor, que si la pérdida de creatividad… Pero nadie explica por qué de repente ¡pum! El vacío.

Me atrevo a pensar que tiene algo que ver con la manera en cómo nos afectan las vivencias, las emociones y las experiencias a cada uno. A veces tenemos tanto que decir que al final no decimos nada. A veces los miedos taponan las palabras o quizá somos nosotros los que inconscientemente no queremos darles alas. Puede que todo ello acumulado termine por dejarnos secos y en silencio, aunque sintamos que vamos a estallar en cualquier momento porque hemos perdido la capacidad de canalizar.

O puede que ni siquiera exista un porqué.

Como sea, hoy me siento aquí con mucho esfuerzo para obligarme a continuar con esto, y con todo, como siempre hago, como siempre hice. Aunque me fluyan las ideas a trompicones y se me desgasten las ganas con cada borrón y cuenta nueva. Aunque me sienta torpe al hablar, aunque no me sepa últimamente explicar, aunque provoque malentendidos de la nada porque no acierto con las palabras, aunque necesite más espacio pero pida que me invadas, aunque necesite ordenar tantas batallas.

Desconcentrada como nunca me encomiendo al sinsentido para plantarle cara a este estúpido bloqueo mental, emocional y vital que me atosiga a diario. Porque como decía el gran Hemingway “no hay cosa más espantosa que una hoja de papel en blanco”.