Valencia: lo que no puede ser

Se cumple una semana de la catástrofe de Valencia. Una DANA que quedará para siempre en la memoria histórica de nuestro país, y muy especialmente formará parte del recuerdo más triste y desolador del pueblo valenciano. Es difícil expresar con palabras lo que nos embarga a todos en este momento. Incluso siendo ajenos al lugar o no compartiendo raíces ni lazos singulares con él, la rabia, la tristeza, la pena, el desconsuelo… son emociones comunes en estos días tan negros y largos donde contener las lágrimas es complicado.

El shock inicial va dando paso al enfado en mayúsculas. Surgen las preguntas, los reproches, los porqués y los hubiera. Y de ahí, de ese cúmulo de emociones que estalla, y ante la ausencia de respuestas, de claridad, de cercanía y de verdad, nace la mayor indignación. Porque no, no puede ser.

No puede ser que no se le comunicara a la población el riesgo que existía ante la llegada del temporal, habiendo avisos por parte de la AEMET desde días atrás.

No puede ser que la universidad hubiera cancelado las clases con antelación o que los funcionarios de la Diputación tuvieran permiso para irse a casa al mediodía. ¿Y el resto, qué?

No puede ser que los móviles sonaran alertando del peligro cuando la gente tenía el agua al cuello y muchos ya habían sido arrastrados por la riada hacia la muerte.

No puede ser que el presidente de la Generalitat valenciana eche balones fuera tratando de tapar su enorme ineptitud con acusaciones soberbias a diestro y siniestro. Como tampoco puede ser que el presidente del gobierno central le devuelva el balón con malicia política, pensando más en su próxima jugada de ajedrez que en los ciudadanos de su país, negándose a tomar unas riendas que sabe perdidas.

No puede ser que de primeras se rechazara la ayuda ofrecida por aquellas Comunidades Autónomas que no son afines en lo político, como si valiera más un bombero de un lugar que de otro. La ideología no salva vidas.

No puede ser que la descoordinación de las administraciones, la rivalidad entre partidos y la siempre terrorífica burocracia ralentizara la llegada de efectivos a un lugar arrasado por una situación de extrema emergencia. Nadie va a salir ganando de esto, que les quede claro.

No puede ser que ninguna autoridad oficial pisara el barro hasta cinco días después. Y, por supuesto, el primero que tenía que haber dado la cara ante su pueblo y conocer in situ la zona cero en el primer minuto era el señor Mazón, que para algo es su territorio, su casa. Todo tarde y mal, muy mal.

No puede ser que romanticemos eso de que sólo el pueblo salva al pueblo, por muy bonito y rebelde que suene, y por mucho que las muestras de apoyo, las donaciones y la infinita solidaridad sean siempre lo mejor que damos como país. Pero para algo pagamos impuestos, ¿no? Y para algo existen incontables instituciones, administraciones, organismos, ministerios y autoridades que deberían saber gestionar una crisis de este calibre con eficiencia, trabajo y compromiso. Ha quedado demostrado que nadie está a la altura de lo que representa y que, por supuesto, debemos exigirles muchísimo más en adelante.

No puede ser que la carroña interfiera en las noticias y la maquinaria de los bulos funcione a todo trapo con la ayuda de influencers, tiktokers, youtubers o periodistas a sueldo que, como matones, su único objetivo es sacar rédito. En estos casos siempre recuerdo la famosa frase de Kapuscinski que decía que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Qué poco tenemos de eso en un sistema en el que lo que debería ser mera información, veraz y objetiva, se ha convertido en un instrumento para construir una opinión pública cada vez más caótica y radical. A algunos les debe venir bien el discurso confuso, mentiroso y dramático.

Nos gobierna gente mediocre y alejada de la realidad. No se salva ni uno. Y estamos, además, informados mediante sesgos de conveniencia. Las redes sociales dan asco estos días y son un caldo de cultivo peligroso. Sin embargo, que tanto ruido no nos haga perder el foco de lo que hay: más de doscientas personas han fallecido con esta DANA (no olvidemos Málaga y Albacete) y miles lo han perdido todo. Son vidas que ya no serán. Familias rotas en mil pedazos. Nombres y apellidos. No son números, son historias. Son personas como tú y como yo que un día cualquiera se despertaron sin poder imaginar que sería el último, o que, con suerte, «sólo» se quedarían sin casa. El clima se nos va a poner cada vez más extremo y tenemos que estar preparados como sociedad. Más vale una alerta de más, que de menos. Pero no olvidemos que en muchas ocasiones la manera de gestionar una situación es a veces más importante que la situación en sí. Que esto nos sirva para reflexionar y para cambiar ciertas reglas y rumbos, aunque mucho me temo que, como con el COVID, ni saldremos mejores ni aprenderemos nada de ello. Ojalá me equivoque.

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Autor: Cristina CG

(De)formación periodista, me cubro y descubro según las circunstancias. Acumulo vivencias y archivo recuerdos. Tropiezo, caigo, escribo y me levanto. CRISTINA CG.

5 opiniones en “Valencia: lo que no puede ser”

  1. ¡Muy bueno este artículo, Cristina! Muy bueno. Comparto tu análisis y tu reflexión punto por punto, hasta la última coma. Precisión, rigor y sensibilidad en el análisis de esta terrible tragedia Comparto tu preocupación y tus dudas.

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  2. Asi es gente mediocre a la que le damos la responsabilidad de gobernar un pais, que factura mas (PIB), que una gran multinacional , alguien dejaria a Inditex en manos de un politico? Esa es la respuesta, gente inepta da resultados nefastos, podria decir que no es culp ,de ellos si no de los que los votan,pero cuando miras al tendido son todos iguales: muy,muy mediocres

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