Treinta

cumplir 30A pocos días de cambiar mis dos dígitos (¡pero si hace nada que los cambié!) aquí estoy sentada escribiendo que voy a cambiarlos, no sé si como reivindicación o por autoconvencimiento.

Treinta…

Si hubiera seguido el plan establecido por mi yo de siete años a estas alturas ya tendría por lo menos tres hijos, siendo cauta. Según mi yo adolescente probablemente estaría casada y tendría una preciosa casa con jardín y perro incluido (y un bebé también, por qué no). Y según mi yo universitario ya estaría más que reconocida y remunerada en el trabajo de mis sueños. Y sin embargo los planes que idílicamente trazamos no suelen salir como esperamos, pero lo mejor de todo es que la vida nos guarda sorpresas mucho más increíbles e inimaginables mientras esperamos que lo que tenga que ser, será.

Algunas veces he hablado del destino, la casualidad, o la causalidad. De cómo un momento gira los rumbos y un instante cambia las perspectivas. Sigo sin saber de qué va esto, pero sé mucho más que hace 10 años. Sí, ya no tengo 20. Sí, ya no soy una niña. Sí… Lo que tú quieras. Pero sinceramente no cambio estos ya casi 30 por aquellos idílicos 18. Puede que arrecie la nostalgia en esas reuniones con amigas recordando años escolares, cuando lo más importante era pensar qué conjunto ponernos para ir el viernes al Music Box de turno o cómo trampear los deberes de ‘mates’. Pero realmente lo mejor de todo es haber llegado hasta hoy con esas mismas amigas para poder recordarlo entre risas, cafés y copas.

Cada época tiene lo suyo, y supongo que cada persona lo vive a su manera y según sus circunstancias. Tengo amigas casadas y con hijos, y tengo amigas dando tumbos por ahí. ¿Y qué? Durante mucho tiempo me dio pavor pensar que los años avanzaban siendo un maldito rompecabezas que no encontraba su lugar en el mundo, con la presión añadida del conservadurismo y de que a cada edad le corresponde una actitud. Como si el tiempo corriera en contra y se nos pasara el arroz. ¡Venga ya! Eso no es cierto, y ahora que levanto el pie del acelerador es cuando me doy cuenta. ¿Los maravillosos veintes? Sí, puede que hayan sido divertidos, pero un consejero que tengo por ahí me dijo el otro día que ahora es cuando viene lo interesante. Y puede que tenga razón.

Para empezar, me gusta más mi yo de ahora que el de hace cinco años, por ejemplo. Prefiero a esta chica que intenta vivir el presente sin etiquetas ni dobleces, que aquella angustiada por el futuro incierto. Carpe diem, que dirían los romanos. Prefiero ser esta loca sin complejos que aquella niña de inseguridad autoexigente. Estoy más a gusto admitiendo lo que no sé que tratando de impresionar con lo que sé. Llámalo seguridad, madurez o relatividad, como quieras. Quizá son las experiencias que una va asumiendo las que la fortalecen y la moldean, y en este punto estoy agradecida por ello y por todo lo que he aprendido a base de lágrimas y caídas, que es como mejor se aprende  y se valora. Vivo más tranquila conmigo misma aunque aún tenga muchos frentes abiertos, muchas metas por alcanzar y algunos sueños rondándome todavía. No me importa, al contrario, lo prefiero. Y aunque lo de comerse la cabeza es algo que llevo en mi idiosincrasia estoy aprendiendo a dejar fluir y a no agobiarme por lo que no está en mi mano. Además, de tenerlo todo sabido  y hecho, ¿qué tendría de emocionante seguir cumpliendo años? Lo mejor siempre está por llegar.

Voy a cumplir treinta y es cierto que no tengo esa vida de cuento que un día soñé. Lo que entonces no había previsto en mis sueños color de rosa es que se cruzarían en mi camino personas y oportunidades que me guiarían para ser hoy la mujer que soy, cargada con mi propia mochila de errores y aciertos, experiencias impagables y algún que otro secreto. Entonces no entendía que esto no es un camino recto y placentero sino uno lleno de curvas, altibajos y recovecos necesarios para el aprendizaje del alma y el valor de esas pequeñas cosas que nos dan la felicidad: una llamada inesperada, una conversación a los ojos, la risa de un niño o ese abrazo de “no te voy a soltar”.

Así que a estas alturas no puedo más que agradecerle a la vida todo lo que me ha brindado a través de aquellos que me dieron una parte de sí mismos y de su tiempo para ayudarme a crecer, a conocerme y a complementarme. Gracias a los que fueron ave de paso con más o menos intensidad, porque todos me dejaron algo de ellos para aprender. Y mil gracias a los que a día de hoy siguen siendo mis favoritos y me acompañan en un nuevo año. Gracias por estar y dejarme estar en éstas nuestras no perfectas vidas, vosotros ya sabéis quiénes sois.

¡¡Y ahora que vengan los treinta!!

 

 

 

Autor: Cristina CG

(De)formación periodista, me cubro y descubro según las circunstancias. Acumulo vivencias y archivo recuerdos. Tropiezo, caigo, escribo y me levanto. CRISTINA CG.

5 comentarios en “Treinta”

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