Lodos

¿Te acuerdas de cómo era?

Cuando los sueños estaban por estrenar

y las miradas estremecían hasta el tuétano.

La verdad es que ahora lo sé: nada es tan importante,

la fe se pierde, el amor se rompe, la vida duele.

¿Y qué más da?

El dolor brota donde hubo emoción, no es tan cruel.

Tú lo eres más dejándome esta herida por desangrar.

¿Cómo puede haber hoy tanto ruido en el silencio?

Donde antes sonaban los besos sobre la piel,

y los susurros prometiéndonos lo que no llegó,

hoy arrasa tu indiferencia rugiendo como un huracán.

De aquellos polvos estos lodos, supongo.

No sé si podré volver a un mundo que aprieta,

a unas manos que no me han sabido sostener

más allá de esta cama, hogar de fantasmas,

y de algún que otro placer.

No voy a cambiar más cromos contigo,

las reglas del juego se han vulnerado.

No voy a ceder al miedo que me supone quererte tanto

y aún y así tener que perderte.

Si quieres irte, vete.

Nosotros dejaremos de ser…

Quizá.

Pero así como el diablo no baja nunca la guardia,

el fuego que ardo en tus entrañas tampoco se apagará.

Qué maldito este amor

Qué juego peligroso es el que tienta rabia y dulzura en décimas de segundo.

Qué macabro espectáculo el que ven mis ojos al otro lado de la mesa actuando casi como extraños.

Qué triste canción suena de fondo mientras tú y yo ni siquiera somos.

Qué falsa inocencia la nuestra, que pretende justificar lo que nunca nos será perdonado.

Qué mentira tan dichosa esa de sentirnos amados siendo el nuestro un querer a pedazos.

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¿Qué ingrata incertidumbre nos depara esta noche?

Qué alivio no verte, qué placer provocarte, qué tortura perderte.

Qué vanidosa emoción esa que te hace volver siempre a mi cuerpo.

Qué ego más altivo pensar que todo lo quieres, que siempre te tengo.

Qué pena darme cuenta de que todo esto, así, ni es para mí ni me conviene.

Qué derroche de tiempo, de juventud, de vida.

Qué extraña valentía creernos capaces de lidiar con semejante locura rozando los límites de la hipocresía.

Qué maldito este amor, si es que podemos ponerle tal nombre, que tras de ti me desgarra las entrañas y desnuda, frágil, lo poco que queda de mi alma.