Reyes de Europa

¡Hoy amanecemos como Reyes de Europa, papa!

Con la victoria de ayer contra Inglaterra nos convertimos en el país con más Eurocopas en la historia del fútbol. Somos la única Selección que se ha coronado ganando todos y cada uno de los partidos del torneo, pleno al siete. Ni siquiera nos permitimos un empate. Somos el equipo que mejor juego ha desplegado y el que ha plantado más y la mejor cara. Avanzábamos por el lado difícil del cuadro, pero eso no nos hizo temblar las piernas en ningún momento. Por el camino hemos dejado fuera a campeonas del mundo como Italia, Francia y Alemania, quitándonos de paso la maldición de la anfitriona, dos pájaros de un tiro.

Nos hemos quedado hipnotizados, sorprendidos y maravillados con el juego de un grupo muy joven del que la mayoría apenas sabíamos casi nada antes del torneo, de ahí quizá la eterna duda española y el pesimismo injustificado. ¡Pero vaya cómo los hemos conocido! No creo que a día de hoy quede alguien en el país (y puede que en el mundo entero) que no haya oído hablar de Nico Williams, Lamine Yamal, Oyarzabal, Mikel Merino, Dani Olmo, Cucurella o Rodri, por ejemplo. Todos ellos, los titulares, los suplentes y los que por el camino se lesionaron, son parte de la magia y del esfuerzo de esta Selección. Un gran trabajo en equipo que nos ha llevado partido a partido hacia una finalísima de manual contra los temidos ingleses, que ayer mostraron más temor de perder que afán por ganar. Ellos inventaron el fútbol, sí, pero nosotros lo hemos mejorado. Y con creces.

Para que te hagas una idea, papa, esta España recuerda mucho a la de aquellos días de gloria que siempre habíamos soñado sin éxito hasta que llegaron, ¡y de qué manera! Y es que, hasta esa Euro 2008 que cambió la historia (tres títulos seguidos, otra hazaña inédita), cuántas veces te había escuchado decir lo de que nunca ganaríamos un Mundial, cayendo siempre en cuartos, con la ilusión rota vuelta a empezar. Hasta conseguirlo: pudimos bordarnos en el pecho la tan ansiada estrella gracias a una generación de oro que nos lo dio todo. Después, como siempre ocurre, el descenso a los infiernos con un doloroso y anticipado adiós en la fase de grupos de Brasil 2014. Entonces pensamos que tendría que pasar mucho tiempo para volver a vernos ganar, sin embargo, la espera no ha sido tanta y, además, ha merecido la pena.

El año pasado conquistamos la Liga de Naciones, un torneo joven y menor (un invento, dirías tú), que seguramente nos sirvió para cimentar el triunfo de esta Eurocopa y de lo que esté por venir. Porque esta generación de chavales apenas comienza a rodar el balón, aunque parezcan veteranos. Tienen la frescura, las ganas, la pasión. Y, por supuesto, brillan con el talento de quienes ya nos dieron una estrella. ¿Y si pronto fueran dos?

Ayer te eché más de menos si cabe, papa. Este último mes intenso y apasionante me ha sumido en un crisol de emociones a veces difíciles de gestionar. He querido comentarte cada gol, cada remontada, cada jugada maestra. He querido compartir los nervios y las alegrías contigo, como estaba acostumbrada a hacer desde niña. Incluso esas lágrimas únicas que nacen tras las grandes gestas. Pero no estabas y la ausencia, por más que me resigne, no deja de doler. He sido yo quien ha llenado el vacío de la silla donde te ponías frente al televisor (porque la comodidad del sofá no era lugar para este tipo de eventos). Diferente manera de verlo esta vez. «Te pones igual que tu padre». Sí, porque tú me enseñaste a amar el fútbol y a mi país. Y de lo que se mama en la infancia, se es después.

Hoy España despierta con resaca de campeona, ¡y que siga la fiesta!

Hoy estarías, como yo, tremendamente feliz.

Islandia, el David contra Goliat

Ayer no fue un buen día para mí en lo que a fútbol se refiere y hoy todavía colea la pesadumbre y el enfado por la derrota de España ante Italia. No jugamos bien, eso es un hecho, hicimos una primera parte de pura vergüenza e Italia nos pasó por encima sin piedad. Llevaban mucho tiempo gestando su propia vendetta, agravada por la humillación de aquel 4-0 en la final de la última Eurocopa, y al fin encontraron el momento tras 22 largos años sin superarnos en partido oficial.

Mal momento para nosotros, que empezamos el torneo con muy buenas sensaciones, con la esperanza de que la vigente campeona de Europa había olvidado su fracaso en Brasil para resurgir de nuevo con su particular ‘jogo bonito’ que tantas alegrías nos dio. Iniesta, el rey, volvía a llevar la batuta del equipo y enseguida cotizamos más en las apuestas y en las propias aspiraciones. Hmire-como-quedaron-los-octavos-de-final-de-la-eurocopa-2016_367261asta que llegó Croacia con sus Modric, Rakitic, Perisic y demás ics para ponernos patas arriba el camino «fácil» y complicarnos tontamente la vida. Y sí, mamma mia la Italia!

Aunque en la segunda parte sacamos garra, los errores en fútbol se pagan y ya estábamos más que sentenciados. Nos volvimos a casa con el sabor amargo de la derrota, la humillación de ese segundo gol a bocajarro en el 91′, y la tristeza de ver cómo se termina nuestro ciclo diciéndole adiós a la mejor generación de la historia, que difícilmente se volverá a repetir. Ahora lo que queda es seguir adelante, renovar jugadores y proyectar un nuevo estilo de juego que nos ponga otra vez entre los mejores, donde debemos estar.

Pero la noche no acabó ahí. Triste y todavía con mi camiseta pegada a la piel no podía creerme la sorpresa, hasta el momento, de esta Euro: Inglaterra hacía también las maletas al ser derrotada por una increíble Islandia. Mal de muchos, consuelo de tontos. Dicen.

Islandia. Esa «tierra de hielo» de poco más de trescientos mil habitantes al sur del círculo polar Ártico repleta de glaciares y volcanes de nombre impronunciable. Islandia, ese pequeño país que estuvo a punto de morir en 2008 y que hoy es un ejemplo a seguir sobre cómo se pueden hacer las cosas de otra manera y salir adelante con solvencia. Islandia, que ha devuelto los 1.800 millones de euros que le prestó el FMI antes del tiempo previsto y que desde 2011 acumula cifras de crecimiento económico estable. Islandia… Quién nos lo iba a decir.

Los holandeses ya padecieron la desdicha de quedar fuera de la Euro en la fase de clasificación precisamente en manos de ese equipo humilde que bien podría ser el representante de cualquier pequeña ciudad europea. Portugueses y húngaros se las vieron y se las desearon en la fase de grupos para rascar un empate, y a los austriacos los mandaron también a casa. Ahora le ha tocado a la poderosa Inglaterra decir adiós. La inventora del deporte más bonito del mundo hace tiempo que dejó de leer las instrucciones, pero nadie se esperaba que un «segundón» la dejara fuera en octavos de final. Doble Brexit en cuatro días no será fácil de digerir… Poor English.

Pero ésta es, en definitiva, la grandeza del fútbol, y precisamente en Inglaterra esta temporada vivieron uno de esos milagros que no lo son tanto: el Leicester se proclamó campeón de la Premier por su dedicación y esfuerzo diario. Por su pasión, su ambición, sus ganas. Y sobre todo, por su modestia. Estoy convencida de que Islandia, como todos esos «segundones» que este año tienen cabida por primera vez en la Eurocopa, darán un giro de tuerca (que ya están dando) para hacernos entender al resto que los equipos más allá de sus nombres los conforman sus personas. Que una cura de humildad siempre es necesaria, que los de abajo siempre luchan más y que nunca hay que subestimar a un contrario.

Si no, recuerden a David contra Goliat.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I ♥ FUTBOL

 

logo-puma-love-football-hardchorus-1Soy mujer y me gusta el fútbol. Pero no me gusta ahora que parece que se lleva eso de que las mujeres compartamos afición con los hombres para que se nos vea incluso «sexies» también en formato deportivo. A mí me gusta el fútbol desde bien pequeña, cuando en los parques me iba detrás de los mayores buscando el balón y en el patio del colegio montábamos equipos después de comer. Todo niñas y en horas de recreo, ¡lo que yo hubiera dado por tener una extraescolar de fútbol! Seguramente lo habría disfrutado más que el baloncesto al que fui, y no fui.

Me gusta el fútbol desde que a los Reyes Magos les pedía la equipación que nunca tuve. Creo que pensaban que era una tontería, total, yo era una niña… ¿Por qué me iba a gustar ese deporte tan masculino? A día de hoy creo que todavía existe esa mentalidad por mucho que hayan cambiado las cosas y el fútbol femenino sea cada vez más visible incluso en los medios de comunicación. Pero aún y así, falta mucho por hacer, y sobre todo, muchas ideas machistas por erradicar.

A mí me gusta el fútbol y lo disfruto. Recuerdo la primera vez que lloré de emoción ante la TV: el 15 de mayo de 2002, el día en el que el Real Madrid ganó su novena copa de Europa en Glasgow. Empecé a temblar con la volea de Zidane casi al descanso y me puse de pie mientras el Bayer Leverkusen encerraba a los blancos en su área en los minutos finales. Iker Casillas comenzó aquella noche su leyenda con tres paradas imposibles que le dieron al conjunto merengue el título. Él lloró, yo lloré, y todos los blancos lloramos. Tenía 15 años.

He vivido y sufrido muchos otros partidos catalogados como históricos, tanto del Real Madrid como de la Selección Española, pero si tengo que destacar alguno me remonto a la final de la Eurocopa de 2008. En aquella cita, impensable años atrás cuando nunca pasábamos de cuartos, cuando el campeonato de 1964 ya nadie lo recordaba, cuando éramos el patito feo que siempre volvía a casa antes de tiempo, nos hicimos grandes gracias a la mejor generación de futbolistas que han dado las canteras de este país. Aquel 29 de junio y frente a la siempre poderosa Alemania, «el niño» Fernando Torres se hizo hombre marcando el único gol del partido que nos dio el triunfo soñado. Aquella noche en Viena por fin lo hicimos posible y nos lo creímos de verdad.

Dos años después, con un cambio de entrenador y algún retoque en la plantilla viajamos a Sudáfrica con la mochila llena de esperanza e ilusión. Ir como campeones de Europa nos daba un plus mediático y mucha más confianza en nosotros mismos, y al compás de las odiosas vuvuzelas y sufriendo en cada partido una cardiopatía más severa, ¡LO LOGRAMOS! El orgullo patrio y sobre todo la humildad de un equipo de jugadores amigos nos dio el premio más alto al que una Selección puede aspirar: ser campeones del mundo.

Ese domingo caluroso de julio, envuelta en mi bandera y con la cara manchada de rojigualda lloré como nunca había llorado de emoción en un partido. Quizá haber crecido escuchando a mi padre decir en su pesimismo que se moriría sin ver a España campeona de un Mundial hizo de aquel momento algo todavía más único: verlo tan emocionado como yo no tuvo precio. Aquel minuto 116 y el «Iniesta de mi vida» es de esas cosas que una jamás se cansa de ver, recordar y volver a sentir. ¡Nada como ver a tu país coronarse rey del mundo!

Pero como a nosotros nos gusta seguir haciendo historia, dos años después volvimos a demostrar quién seguía mandando en Europa y ante una Italia destrozada revalidamos el título consiguiendo lo que nadie ha conseguido nunca hasta la fecha: ganar tres campeonatos de Selecciones consecutivos.

En 2013 también nos plantamos con garra en la final de la Copa Confederaciones pero la anfitriona Brasil nos pegó duro con tres goles que nos impidieron batir un nuevo récord. Con la desilusión de la derrota pero con la satisfacción del trabajo bien hecho volvimos a casa con la medalla de subcampeones. Sin embargo, 2014 nos dio el peor revés, de nuevo en tierras cariocas, cuando ni siquiera conseguimos superar la fase de grupos del Mundial. La humillación a la campeona no tuvo límites y desde casa hubo quien, como es costumbre en nuestro país, le quitó mérito a todo lo anterior. Pero no señores, que un batacazo no empañe tanta gloria.

Ahora los aficionados al fútbol tenemos otra cita: una nueva oportunidad para salir a por todas y seguir sumando emociones y sufrimientos. A falta de unas horas para el debut de España en esta Eurocopa 2016 y con algunos partidos ya disputados lo que más me importa es que todo discurra de la mejor manera durante el torneo, que nos permitan a todas las aficiones participantes disfrutar de un mes de fútbol y nada más que fútbol, al margen de amenazas y vandalismo de guerrilla. Que el deporte sea lo más importante y que los altercados que algunos indeseables se empeñan en cometer sean simplemente la anécdota desagradable a un ambiente saludable y deportivo. Que como dijo aquél, «el fútbol es lo más importante de lo menos importante», y al fin y al cabo esto es simplemente un maravilloso juego.