Tengo la boca llena de ti. De tu nombre, de tus labios, de tu piel. De tu ser. De la vida que se escurre entre idas y venidas. Del pasar del tiempo, amargo, incierto. Del futuro que no existe, de los sueños que tejemos entre lunares, los mismos que en cada adiós descosemos.
Tengo la boca llena de ti. De tu sabor, de tus caricias, de tu placer. De tu verdad. Y de los silencios que apuñalan, que quiebran, que rasgan. Del dolor no compartido, de las reservas, de la más insoportable ausencia. De este resignarme a echarte de menos.
Tengo la boca llena de ti. De tu risa, de tus cosquillas, de tu ternura. De tu deseo. De los engaños, los miedos y los celos que astillan cuando afloran. De tus abrazos cómplices y libres, lejos de la agonía que marca el reloj. De todo eso que somos, que fuimos y que, pase lo que pase, ya siempre seremos.
Tengo la boca llena de ti. De tus dedos, de tus palabras, de tu misterio. De tu aliento. De la comodidad que te mantiene, que te retiene, que tanto te asusta perder. Llena de cobardía, de riesgo, de poder, de querer… De tu aire que aviva con fuerza mi fuego. De todo lo que ardemos.
Tengo la boca llena de ti. De tu olor, de tu pecho, de tu cuerpo entero. Del destino que nos unió un noviembre caprichoso, impuntuales, ebrios y locos. Del amor que no mencionamos y se nos escapa sin agallas para detenerlo. Hay cosas que me cuesta asumir, entender, soportar. Pero al final siempre me encuentran tus besos como un bálsamo de sosiego…
Entonces me haces agua, y me llenas la boca de nuevo.
