Vente conmigo

Dame la mano y vente conmigo. Vamos a cazar atardeceres, a pisar hojas secas, a perdernos en el mar. Ven, vamos a volar. Vamos a ser dos, vamos a no dejarnos jamás.

Ven, vamos a abrir la caja de los misterios y vamos a compartirnos los miedos. Ven, vamos a dejar los contras a un lado, vamos a centrarnos sólo en lo bueno.

Ven, vamos a escaparnos del qué dirán y de los platos que rompimos una vez. Ven, vamos a olvidarnos de quienes fuimos y a empezar de nuevo.

Ven, vamos a hacer esas cosas que una vez nos prometimos, vamos a cabalgar las locuras y los cuerpos. Vamos a provocar incendios.

Ven, vamos a quemarnos el alma y que se muera de envidia el mismísimo diablo. Ven, ven y quédate a mi lado.

O llévame. Llévame lejos al lugar donde te escondes, donde ondean otras banderas, donde rezan a otros dioses.

Ven, vamos a hacer de todos los rincones que conozcamos los nuestros y los mejores. Vamos a inmortalizar este momento, a completar nuestro propio álbum de recuerdos.

Ven, vamos a bailar hasta el amanecer, vamos a ser locos y borrachos de amor, vamos a ser tú y yo. Ven, mírame a los ojos y dime que no llevan tu brillo, a ver dímelo.

Ven, vamos a llorar de emoción, a temblar de ganas, a vaciarnos el uno en el otro, a perder el control.

Ven, vamos a jugar a indios y vaqueros, vamos a ganarle la guerra al orgullo y la batalla a cada estúpido «no puedo».

Ven, vamos a curarnos las noches de ausencia con abrazos y besos. Ven, que las caricias no pueden esperar más, que los deseos me comen por dentro.

Ven, vamos a recorrer kilómetros, a conquistar islas desiertas, a navegar por todos los puertos.

Ven, vamos a mudarnos a la otra cara de la vida, la que se conjuga en plural, la que habla de nosotros en futuro y nunca más en condicional.

Ven, vamos a cosernos la piel huérfana de sentido y de fe, vamos a perdurar en los niños que tendremos, vamos a vivir nuestro propio sueño.

Ven, vamos a creer que es posible eternizar el amor. Ándale, ven. Dame la mano y vente conmigo, vamos a ser más fuertes que el azar, vamos a plantarle cara al destino.

 

 

Mis ‘te quiero’ en tu cajón

Quiero que guardes en un cajón todos los te quiero que te di. Que los encierres, que los protejas de oídos curiosos, que los destierres incluso de mí. Guarda también cada una de las caricias que te regalé, si quieres en la memoria de tu piel, por si no las buscas hoy que no te falten cuando venga el frío y se vuelva de hielo tu fe. Atesora mi mirada en tus ojos profundos por si un día dejo de verte como lo hago ahora, con este amor. Bucea en mis entrañas, destruye mis muros, húndete en mi mar por si después me quedo seca. Vénceme, piérdete, vuelve a ser, vuelve a estar, vete. Hazlo ya, lo que sea que tengas que hacer, no alargues la condena, no lo dejes para mañana, llévatelo todo de una vez.

Pero guárdate en un cajón todos los te quiero que te di, por si un día te quedas sin ellos, por si un día los extrañas, por si más adelante los necesitas. Guarda los te quiero que te susurré en la cama, los que te grité en cada detalle, los que te escribí en la arena, los que le soplé al viento para ti. Guárdate todos aquellos te quiero que confesé con el brillo de mis pupilas, los que transformé suavemente en tus labios, los que te rodaron acariciando tu cuerpo con tanto descaro. Guarda también los te amo que se me trabaron en la lengua, los que salieron a trompicones, los que sollocé en silencio estando a tu lado y estando tan lejos. Los te amo que nunca dije, esos que queman el alma, guárdalos por si acaso.

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Guarda todos mis te quiero en un cajón porque esos ya vencieron, ya pasaron, ya se fueron. Los nuevos que vengan, si tienen que llegar, habrán conocido el vacío, el orgullo, las mentiras, las excusas, las caídas, los desaires, los secretos, los portazos y lo silencios. Los que vengan, si tienen que llegar, serán más fuertes, más responsables, más leales y más certeros. Habrán superado las batallas, los obstáculos, los malditos miedos. Los que vengan, que vendrán, serán más libres, más conscientes, más tangibles y tendrán un nuevo sabor. Mientras tanto, si tú quieres, recoge todos los te quiero que te regalé durante tanto tiempo y guárdalos ahora en tu cajón.

 

 

 

 

 

La mujer adúltera (3)

7c8ff743780ba9ded956844deeaffb9fAl día siguiente Tina se levanta antes de que suene el despertador, a eso de las 6.30 a.m. Su marido duerme tranquilo de espaldas a ella, roncando acompasado. Sin encender luces, tan sólo con la tenue claridad que empieza a asomar por la ventana, Tina rebusca en la bolsa de deporte que anoche escondió al fondo del armario las bragas y el sujetador de encaje usados y los lleva sigilosa a la lavadora. Por suerte su marido no se encarga de estos menesteres ni se fijará siquiera en el tendedero. O al menos eso cree ella. Puesta en marcha la maquinaria, aprovechando la colada que tenía acumulada de días, el conjuntito se enredará entre la demás ropa borrando cualquier olor a traición. Continuar leyendo «La mujer adúltera (3)»

No tengo tiempo

Discúlpame, no tengo tiempo.

No tengo tiempo para estúpidas estrategias que enfrían el corazón.

No tengo tiempo para andar esperando que los astros confabulen a mi favor.

No tengo tiempo para acumular malas caras, desaires y rencor.

No tengo tiempo para escuchar que no se puede, que así no se hace, que es un error. Continuar leyendo «No tengo tiempo»

El otro lado del amor

Primero dolió. Le ardió la decepción en el pecho como un aguijonazo de fuego. Le faltó el aire, creyó desvanecer.

Lloró. Derramó aquella noche lo que nunca antes había podido llorar, con más rabia que pena.

Escupió. Aborreció el veneno que había tragado por ambrosía durante años, maldito estafador.

Peleó. Atacó con ira su frialdad, impuso la vehemencia sobre la cordura, se intoxicó de sinrazón.

Odió. Detestó el desdén que acompañaba cada uno de sus desaires, de sus infames y soberbios silencios.

a5e1f5f96ee32063229eac2f5133aa7eLuego preservó. Se protegió de la melancolía manteniendo la distancia, batalló el miedo con rutina, pero de poco le sirvió.

Sacrificó. Desterró cualquier afecto al rincón más vacío de emoción, hueco de pasión, yermo de sentimiento.

Y al final lo mató. Lo arrancó de su alma, lo cegó de su memoria y lo sepultó lejos de ese corazón mancillado y herido, en carne viva, vomitando desamor.

 

 

 

 

Desnúdame

desnudaVen, desnúdame.

Ábreme las alas que se me pegan al cuerpo y no me dejan volar.

Ven, desnúdame.

Refúgiame de las ausencias y de los miedos.

Ven, desnúdame.

Mira cómo sucumbo al delirio cuando me dejo llevar.

Ven, desnúdame.

Bésame las iras y los celos.

Ven, desnúdame.

Acaríciame esas cicatrices que nunca dejan señal.

Ven, desnúdame.

Sofócame las penas y los tormentos.

Ven, desnúdame.

Alíviame de esas lágrimas que no se dejan llorar.

Ven, desnúdame.

Provócame el alma con tus roces y misterios.

Ven, desnúdame.

Muérdeme la vida con tu forma de pensar.

Ven, desnúdame.

Enséñame a leerte mis inseguridades y mis sueños.

Ven, desnúdame.

Enciéndeme con tu fuego las ganas de gozar.

Ven, desnúdame.

Embriágame de descaro la piel con el calor de tus dedos.

Ven, desnúdame.

Te concedo licencia para entrarme a matar, a morir, a desarmar.

¿No ves que soy una maraña de emoción, locura y nudos?

Pues ven y desnúdame, que la vida es ahora y el tiempo no concede treguas para amar.