(Ya no) Se querían

Se querían con los labios desangrados, la piel tibia y las manos frías.

Se querían con la locura de los principios y el temor de tanta algarabía.

Se querían en las incipientes desdichas, en las improvisadas alegrías.

Se querían arañándose las vanidades con sonora egolatría.

Se querían con mentiras y silencios, con mochilas llenas y palabras vacías.

Se querían a trompicones, sin valor y con argumentos que nadie más defendía.

Se querían como tontos, como siempre prometían que se amarían.

Se querían como ingenuos, confundiendo pasión y compañía.

Se querían en la oscuridad de cualquier camastro, al amanecer en aquella playa, por los rincones al mediodía.

Se querían con astucia, algún desprecio y demasiada cobardía.

Se querían en la furia, derribando sus muros sin paz ni armonía.

Se querían húmedos y calientes, y de igual forma también se prendían.

Se querían en el odio y el rencor, en el destierro y en la melancolía.

Se querían sin tan siquiemargaritara saber quererse, pero lo hacían con el alma y a sangre fría.

Se querían tanto que batallaron todas las guerras de lo imposible y de la apatía.

Pero en aquel camino de infortunio perdieron poco a poco el sentido de sus días…

Y queriéndose de tal forma supieron que llegado el momento con un quedo «hasta aquí» les bastaría.

Se habían querido tanto, tanto, tanto… Que una mañana, sin más, ya no se querían.

Blue Monday

Si hoy te has levantado de mal humor, si casi estampas el despertador contra la pared, si las tostadas cayeron por el lado de la mantequilla, si perdiste el autobús o te quedaste inesperadamente sin gasolina, si pinchaste la rueda de la moto, si pisaste una mierda en la esquina… Tranquilos, la culpa es del ‘Blue Monday’.

Para quien no sepa de qué hablo, sea ajeno a las redes sociales o inteligentemente no retenga estupideces en su memoria, el ‘Blue Monday’ es, según un psicólogo de la Universidad de Cardiff (aunque daría igual de donde fuera), el día más triste del año. ¿Por qué? Porque él y una agencia de viajes así lo decidieron allá por el 2005 como eslogan para una campaña publicitaria. Y con los años, como nos gusta acumular tonterías, lo hemos convertido en una marca más del calendario.

Al parecer maaeaaqaaaaaaaappaaaajdu1yzdinwizlwyxyzqtngi5ni1izmnhlwuymzy3odyxnmvhnqediante la pseudofórmula 1/8C+(D-d) 3/8xTI MxNA se puede determinar que el tercer lunes del año es, entre los 364 días restantes, el más odioso y deprimente. El clima, las deudas navideñas y el éxtasis motivacional de año nuevo que se diluye con el paso de los días parecen ser la clave de todo esto que da como resultado un lunes de mierda en todo su derecho y esplendor.

Tengo que decir que siempre fui de letras por mucho que los números me quieran perseguir allá donde vaya, sin embargo tampoco hay que ser muy despierto para darse cuenta de que esta fórmula carece de sentido alguno. Porque vamos a ver: ¿las deudas navideñas? Bueno… A mí los cargos de la tarjeta me llegaron el 5 de enero, y los gastos de Reyes los pagaré el 5 de febrero, ¿ya no tendré derecho a llorar por mi dinero ese día? En segundo lugar, el clima… Pues sí, tenemos un frío del carajo esta semana pero por lo menos luce el sol, ¿por qué estar tan tristes? Que ya vendrán las nubes negras para encerrarnos en depresión. Y en cuanto a la desmotivación por los propósitos que juramos en año nuevo y aún no hemos puesto en marcha no hay que olvidar que todavía quedan once meses para intentarlo, por favor ¿quién tira la toalla en la primera quincena? Las ilusiones no caen tan rápido.

Igualmente parece que hoy tenemos derecho a la pataleta, al cabreo, al enfado. Hoy podemos ser esos hijos de puta que siempre somos, nada más que con el beneplácito del calendario. Hoy no pasa nada con las lágrimas ni los portazos, de verdad, hoy todos podemos ir por la calle refunfuñando. El tercer lunes del año… Menuda majadería. Las penas van y vienen, los llantos, las tristezas, las malas rachas y los desengaños, ¿por qué ponerles fecha? ¿Por qué vivir tan encorsetados? Si quieres llorar hoy, llora. Yo lo hice ayer sin que me respaldara ningún anuario. Si estás triste date un momento para determinarlo, para asumirlo y para remediarlo. Y luego sécate las lágrimas y vuelve a levantarte hoy, mañana y siempre que sea necesario.

Que la vida real no es color rosa ni este lunes tiene que ser tristemente azul.

En serio, hazme caso.

 

 

 

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Tengo 30 años y hace ya unos cuantos que dejé de escribiros con ilusión infantil y mala caligrafía. Hoy no vengo a contaros lo bien que me he portado este año como cuando era pequeña, en un intento vano por resarcirme y conseguir así más y mejores regalos. O lo que una cree, cuando tiene 5 años, que pueden ser los buenos regalos. Porque para empezar estaría mintiendo…

Lo que este año os pido no tiene nada de magia pero es mucho más necesario para la vida que todos esos envoltorios coloridos de antaño. Este año os pido paciencia para entender los tiempos que no dependen de mí, y resignación para aceptar lo que no se puede cambiar. Pido más ocupación para paliar las preocupaciones y algo de tiempo libre para dejar la mente simplemente en blanco. Pido sosiego para dormir la furia que a veces por momentos en llamas me arde, y un poco de memoria para no olvidar tan rápido lo que me daña. Pido más inteligencia para no caer siempre en los mismos errores, y sabiduría para discernir entre los sentimientos auténticos y los interesados. También os pido algo de egoísmo en defensa propia, que una se cansa de ser siempre la tonta niña buena que está para todo, si luego prefieren a cualquier otra con pinta de niña mala.

Pido valor para gritar hasta aquí, se acabó, ya no más y basta a todo eso que me consume por dentro. Pido fuerza para romper con los círculos viciosos que marean la perdiz sin sentido y para arrancar de raíz todas esas malas hierbas que a veces crecen a nuestro alrededor sin darnos cuenta. También os pido algo de suspicacia para entender que no todo es lo que te hacen creer, y que no todos se merecen tantos votos de confianza.

Pido energía para alcanzar mis ambiciones y también humildad para no olvidar a quienes me quieren en el camino al estrellato, porque luego no estarán cuando me estrelle, y con razón. Pido más capacidad de reacción ante la adversidad y algo de impermeabilidad. Pido no morderme tanto la lengua, escupir palabras antes que tragarlas y no mirar hacia atrás. Pido coraje para soltar las riendas que me paralizan, sean las que sean, le duela a quien le duela, le pese a quien le pese.

Para ir terminando os voy a pedir un poco de escepticismo que nunca viene mal, y mucho practicismo que las cosas ya se complican por sí solas sin tener que infundarles una dosis de drama innecesario. Pido optimismo para luchar por los nuevos proyectos que se van generando y algo de ese nerviosismo sano ante los grandes cambios que estén por llegar.

Pido que esa pizca de locura vital que tengo no me abandone nunca y que siempre consiga ponerme en mi propio lugar. Pido más ganas por aprender y por mejorar. Pido comprensión con todo aquello que me saca de quicio y menos conformismo con lo que sí se tiene que luchar. Pido irme a dormir cada noche con gratitud y una sonrisa, y despertar con más paz mental.

Puede que penséis que soy excesiva en mis peticiones y que lo más fácil sea volver a empaquetar regalos como cuando era pequeña, pero conforme pasan los años lo que cuenta de verdad es lo que somos muy lejos de lo que poseemos. Por eso esta noche mágica lanzo mi lista de deseos al viento con la esperanza de seguir creciendo como persona para ser quien soy, con la conciencia tranquila y el alma generosa.

 reyes-magos

 

 

¡Gracias 2016!

Como es tradición por estas fechas una se pone a hacer recuento del año que se nos va y como es mi costumbre también no puedo más que darle las gracias a este 2016 que, como todos, me deja grandes enseñanzas. Así que ahí voy:

GRACIAS por los incondicionales que siguen estando a mi lado compartiendo momentos de todos los colores, sumando afectos desde tiempos inmemoriales. GRACIAS también por los que han dejado de estarlo, porque me demostraron que ya no era necesario tenerlos más. GRACIAS por aquellos que con su lejanía emocional y descarada hipocresía me recuerdan cuál es el sentido de la auténtica amistad, y GRACIAS por los que a pesar de estar físicamente lejos siguen siendo mis imprescindibles un año más.

GRACIAS por las lágrimas que me han hecho un poco más fuerte, por los llantos de risa que le dan sentido a la vida, por los sollozos callados cuando alguien se nos va.

GRACIAS por las pasiones que me divierten el ego y por los reencuentros que me llenan el alma. GRACIAS por los viajes que me permiten las circunstancias, por los lugares que descubro de improviso, por la mejor compañía que puedo tener a mi lado y por todas las nuevas personas que se van inmiscuyendo en mi camino.

GRACIAS por las amigas que tienen tiempo 24/7 para reír o apagar fuegos, qué más da. Amigas con las que puedes discutir y sin rencores te vuelves a reconciliar, esas amigas que sin mariconadas ni corazones virtuales, y sin fotos demostrativas de por medio, siempre te quieren un poco más.

GRACIAS a todos los que tuvieron un ratito para leerme este año, por las palabras de apoyo, por el ánimo y por la crítica constructiva. GRACIAS por los mensajes inesperados, por esos «me gusta mucho como escribes» privados y por todos los que me inspiran en el día a día para no dejar esta aventura de lado.

GRACIAS por todas esas personas que con su amor me siguen ayudando a ser quien soy, y GRACIAS por los que con su ejemplo tóxico me enseñan a no convertirme en ellos.

Escuché por ahí que la felicidad se mide en sillas así que GRACIAS infinitas por la familia que no me falta en la mesa esta Navidad, y GRACIAS a la vida por haberme permitido disfrutar de quien ya no está, porque a pesar de la ausencia sé que en nuestro recuerdo aquellos a los que amamos siempre, siempre, permanecerán.

GRACIAS 2016 por haberme dado sorpresas, abrazos, risas, silencios, gritos, penas, valores, deseo, dolor, miedo, coraje, flaquezas, ilusiones y tantas emociones vitales. Sabemos cómo empieza el año, pero la magia de todo esto es que no sabemos qué nos deparará en su camino. Así que, como siempre, lo que le pido a este 2017 a punto de comenzar es que los sueños sigan siendo fuertes, las ganas invencibles y el tiempo generoso. O por lo menos, que lo sepamos valorar.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!iva-2017

 

 

Generación 3.0

Miro a mi alrededor y tengo la sensación de que cada vez somos más cómodos. Queremos tenerlo todo y sin embargo no concedemos nada ni le ponemos un poco de esfuerzo a los asuntos del corazón. Nos retraemos, nos protegemos. Somos unos malditos estrategas y las nuevas tecnologías nos están haciendo demasiado daño.

Queremos llenar Instagram con «¡buenos días, princesa!» y cafés para dos, pero por lo general nos vamos antes del desayuno, no sea demasiado comprometido eso de compartir también las mañanas. Nos gusta generar likes perfectos y airear a los cuatro vientos nuestra felicidad de dedos entrelazados y abrazos ensayados pero en realidad es nuestro propio ego lo que alimentamos. Porque detrás de los filtros no pretendemos darnos la mano más de la cuenta, que ya se sabe que luego te agarran todo el brazo y no hay quien se suelte.

Rastreamos Facebook y Pinterest buscando pistas que nos ayuden a acercarnos al otro de forma estúpidamente ‘casual’ en vez de preguntarle directamente por sus aficiones, su día a día o sus frikadas. Eso sería mostrarle demasiado interés así que hacemos como si nada nos importara, que no se nos note, que yo paso de todo y de ti, y soy inmune al amor. Y en el fondo como idiota te mueres por dentro, pero la apatía emocional es lo que se lleva ahora. Y cuanto más frío te muestres, mejor.

Queremos tener a alguien con quien ir al cine cualquier noche y a tomar una cervecita en el bar de abajo los domingos, pero no a alguien que tenga mal despertar los lunes y dolor de cabeza tras una larga jornada los jueves. Queremos un acompañante para bodas, bautizos y demás eventos sociales pero sin planes de futuro, que no estorbe cuando necesitamos nuestro espacio íntimo o incluso salir de fiesta solos, porque seguimos siendo almas libres y alardeamos de soltería mientras en nuestro interior algo llamado corazoncito nos hace reproducir frases de Benedetti escritas en murales callejeros.

Lanzamos ironías y entre risas nos burlamos de las parejas que ya han pasado por el altar sin entender muy bien en qué momento decidieron tirar su loca juventud a la basura, cuando lo que nos gustaría es ser esas raras excepciones que comparten precisamente esa juventud de a dos en vez de ocultarnos tras esta fachada de adolescentes de treintena.

Tratamos de moldear a las personas como si de configuraciones de software se tratara para que encajen en nuestro aquí y ahora impaciente, olvidando que la magia de las relaciones reside precisamente en irse descubriendo poco a poco, adaptando caracteres con humildad y no porsexo_con-robots-relaxiones-sexuales-forex-dinero-pareja-artificial intereses. Y luchando, claro que sí, por sostenernos cuando las cosas se ponen difíciles en vez de borrarnos del mapa con un simple click.

Almacenamos conquistas sin valor y chats subidos de tono. Mandamos fotografías que se autodestruyen a los 10 segundos porque eso es lo que nos dura la emoción. Quedamos en los bares para hablar de nada sin mirarnos a los ojos y después esperamos que suene el pitido de whatsapp por distracción. Nos pasamos horas tecleando pero cuando ya no nos interesa, cuando nos aterra, cuando nos aburre… ¡Pum! Tan sencillo y tan mezquino como dejar en visto la conversación.

Vivimos deprisa con amores de usar y tirar porque no queremos estar ni solos ni acompañados, pero a todos nos gusta gustar. Jugamos con los sentimientos como al Candy Crush y buscamos defectos en el prójimo por pura autodefensa. Confiamos en que a todos nos va a llegar eso que merecemos pero nunca estamos satisfechos con lo que encontramos y nos limitamos a curarnos la soledad de cama en cama llenando ese vacío con una falsa sensación de intimidad. Que no es lo mismo desvestirnos que desnudarnos.

Dejamos pasar los trenes por miedo a arriesgar, aunque sepamos que en ese tren viaja quien más lucha por quedarse en nuestra estación para siempre, sin tácticas oscuras ni dobles sentidos, simplemente por puro amor. Pero estúpidamente le negamos constantemente esa oportunidad, no es momento para la intensidad.

En este mundo tan increíblemente interconectado lo que nos da miedo es precisamente llegar a conectar con alguien tanto como para sentir que empezamos a perder el control de nuestra cómoda y frugal existencia. Queremos vivir enamorados de la vida, de la risa, de los viajes y de los conciertos pero se nos olvida que en el pack de la dicha también se incluye el amor en las lágrimas, las discusiones, las malas caras, los problemas personales, el drama y los bajones.

Qué fácil tenemos ahora las comunicaciones, las relaciones, el conocer gente, el estar en contacto… Hay mil aplicaciones que nos ayudan, bendita tecnología. Pero qué difícil nos lo ponemos cuando se trata de dar el salto al mundo real para ofrecer nuestro tiempo por el simple gusto de disfrutar con alguien, de hablar de lo que nos importa y de emocionarnos de verdad.

 

 

Hay que matar más vacas

Cuenta una leyenda que en una lejana aldea vivía una familia muy humilde. Tan humilde que su posesión de más valor era una vaca que les proporcionaba algo de leche para sobrevivir. Su casa era apenas de unos metros cuadrados destartalados donde se apilaban como podían siete personas, pero a pesar de todo su existencia parecía ser estable.

Un día pasaron por allí un joven y su maestro y pidieron alojamiento en aquel lugar. La familia los acogió con gran afecto ofreciéndoles lo poco que tenían para poder estar cómodos. Al amanecer los dos huéspedes se disponían a continuar su camino y en silencio salieron de la casa. Pero de repente el maestro se acercó a la vaca, la desató y alejándola del lugar, la degolló. El joven, horrorizado, increpó a su maestro: «¿cómo haces eso? ¿No te das cuenta de que esta vaca era lo único que tenían?» El maestro lo miró y le instó a seguirlo en su camino, sin decirle nada. El joven aprendiz no comprendía qué había pasado para que aquel hombre al que respetaba desde lo más profundo de su alma hubiera cometido un acto tan brutal. Ante la insistencia del chico, lo único que su maestro le dijo fue: «algún día lo entenderás».

Un año después volvieron a pasar por aquella aldea y con gran asombro el joven descubrió que en el lugar de aquella casucha en la que se hospedaron había ahora una edificación sólida y un amplio terreno lleno de huertos y cosechas. Pensó con tristeza que aquella familia se habría ido después del incidente con la vaca, que habría llegado su ruina total. Sin embargo, la sorpresa fue descubrir que la familia seguía allí y que todo aquello que ahora poseían lo habían conseguido con su esfuerzo. El maestro se dirigió al padre y le preguntó qué había pasado para que tal cambio se produjera de un año para otro. El hombre le explicó que aquella mañana en la que ellos partieron encontraron a su vaca muerta y no supieron qué hacer. Durante muchos días estuvieron sumidos en la desesperación, aterrados, sintiendo que su único valor ya no existía. Pero ellos sí, y de alguna manera tenían que seguir adelante. Así que arreglaron el terreno y plantaron unos pocos vegetales para subsistir. Poco a poco la cosecha se hizo más grande y empezaron a vender el excedente. Con ese dinero invirtieron en más semillas y en algunos animales, y así, al cabo de un año, habían logrado prosperar.

El maestro sonrió al ver que el joven empezó a entender lo ocurrido un año atrás: aferrarse a aquella vaca era lo que siempre habían hecho y la comodidad de verse protegidos por la rutina no les hizo ver más allá. Pero cuando la vaca murió y su mundo se vino abajo, no les quedó más remedio que salir ahí afuera a luchar. Y el cambio les trajo prosperidad.

Este cuento popular no es más que una metáfora para entender que muchas veces la comodidad nos ciega de tal manera que sin darnos cuenta estamos dejando escapar todo un mundo de posibilidades. Que sí, lo desconocido implica miedo y el riesgo vulnerabilidad, pero también la oportunidad de que todo salga bien ¿te imaginas? Salir de la zona de confort no es nada fácil porque para empezar muchas veces no sabemos ni cómo hacerlo. Pero cuando empiezas a caminar en esa dirección y vas alcanzando tus pequeños objetivos la fortaleza crece y las ganas se multiplican.

Todos tenemos ataduras que nos impiden movernos en ocasiones como quisiéramos: una familia poco asertiva, una pareja a la que ya no amamos, un trabajo que no nos motiva… Mil cosas. Incluso obstáculos mentales que inconscientemente nos ponemos para justificar que estamos bien aunque no nos guste como estamos. Excusas personales para paliar los miedos tan humanos que nos aferran a lo «más vale malo conocido que bueno por conocer». ¿En serio? ¿Vale más ver pasar tus días sin ton ni son sólo por costumbre? Yo creo que no. Los cambios no llegan de hoy para mañana y la vida es una carrera de fondo en la que desfallecer también esta permitido, pero siempre retomando la marcha. Y si hay que salirse del camino, adelante. A veces las mejores cosas suceden fuera de lo establecido, doy fe.

Puede que quien me lezona-de-magiaa piense que lo digo con mucha ligereza y que dar consejos es lo más sencillo del mundo, pero no es así. Porque quien me conoce sabe que para mí no es tan fácil aplicarme en mis propias palabras, que le doy muchas vueltas a lo que está bien y lo que está mal aunque a veces ni siquiera sepa por qué lo hago, si los juicios vienen siempre solos y lo que debería importar de verdad es nuestro bienestar interior. Padezco de exceso de responsabilidad y me cuesta mucho decir que no a cosas que por costumbre los demás ya dan por hecho de mí. Pero también he matado alguna vaca y sé que romper con el propio statu quo es de lo más valiente y a la vez gratificante que podemos hacer cuando realmente sentimos que es necesario para poder pasar página, alejarnos de lo que nos impide desarrollarnos y ser, y seguir adelante por nadie más que por nosotros mismos.

¡Tenemos que matar más vacas!